¿Cómo conseguir que el pollo al horno esté jugoso y con la piel crujiente?

A pesar de que la receta del pollo al horno es sencilla de preparar, existen una serie de trucos para que el pollo quede jugoso y la piel, crujiente.

El pollo al horno es uno de los platos más consumidos en España. Es una receta sana, deliciosa y que no requiere horas y horas de elaboración. Sin embargo, no siempre el resultado es el esperado. Por ello, hemos seleccionado una serie de consejos para que tu pollo al horno te quede ¡espectacular!

Las virtudes del salpimentado y la mantequilla aromatizada

Cuando se prepara pollo al horno, un importantísimo paso al que no se le suele prestar la atención que requiere es el momento del salpimentado, es decir, del añadido de la sal y la pimienta. A menudo, solo se salpimenta el exterior. ¡Error!, ya que, también, debes hacer lo propio en el interior, puesto que este aderezo irá directamente a la carne.

Asimismo, para evitar que tu pollo al horno de reseque, es aconsejable que lo frotes con agua y/o aceite de oliva antes de introducirlo en el horno. De esta manera, retendrá algo de humedad y estará protegido ante la elevada temperatura del aparato y su, en ocasiones, excesivo empeño en arrebatar el jugo a los alimentos.

Además, como reza el título de este apartado, otra gran recomendación para que el pollo se haga a la perfección es copiar una técnica propia de los cocineros profesionales, elaborar una mantequilla aromatizada. Para ello, bastará con que batas mantequilla sin sal, a temperatura ambiente, con las especias que consideres oportunas (deben estar trituradas). Cuando formen una única masa, la introduces en la nevera en un recipiente y dejas que se compacte.  

Una vez presente el característico aspecto de la mantequilla y que, también, haya vuelto a pasar un tiempo a temperatura ambiente, colócala entre la piel y la carne del pollo. Así, cuando lo metas al horno, la mantequilla se derretirá y aportará mucha jugosidad al plato, además de un sabor diferente y muy apetecible.

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Eso sí, uno de los trucos definitivos para un pollo al horno espectacular es, en realidad, un conjunto de pasos complementarios a la receta tradicional:

  • Precalienta el horno a 180 grados centígrados con una cazuela en el interior.
  • Cuando alcance la temperatura especificada, saca la cazuela y deposita el pollo en su interior apoyado sobre un costado (un ala o el muslo). Si la cazuela está caliente, se sellará la piel y quedará crujiente.
  • En esa postura, hornea el pollo durante 15 minutos.
  • Seguidamente, sácalo y voltéalo, para apoyarlo sobre el costado contrario, y, de nuevo, hornea otros 15 minutos.
  • A continuación, coloca el pollo con la pechuga hacia arriba y hornea durante 10 minutos más.
  • Por último, pon el pollo con la pechuga hacia abajo y hornea durante 8 minutos. 

Precalentar el horno, vital para que la carne esté jugosa

Una de las ideas más extendidas, relacionada con la preparación del pollo al horno, es que, para lograr que la piel quede crujiente, debes tener buena mano con el horno.

Desde luego que controlar los tiempos y la temperatura es esencial, pero no todo depende de tu destreza en el manejo del aparato.

Por ejemplo, un buen truco es salar, únicamente, el pollo por dentro. ¿Por qué? La sal atrae la humedad y permitirá que tu pollo se cueza, en lugar de que se ase. Otro consiste en elevar sustancialmente la temperatura del horno, una vez el pollo ya está listo, para lograr una textura crujiente y el clásico color de las cartas de los restaurantes.

Pero de todas las argucias para conseguir un pollo al horno de diez, la que debes aplicar sí o sí es precalentar el horno a una temperatura comprendida entre los 180 y los 200 grados centígrados. De esta manera, será muy complicado que tu pollo no quede jugoso.

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