Karlos Arguiñano, el Marqués de Griñón y los paladares más exigentes se lo ponen difícil a los concursantes de 'Top Chef'

Eli fue expulsada y ya tan solo quedan seis concursantes para convertirse en el mejor cocinero del programa

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Solo puede quedar uno y ellos lo saben, por eso la tensión en Top Chef va 'in crescendo'. Las críticas duelen como puñales y el listón cada vez está más alto. Ya no vale cocinar cualquier cosa, y el éxito no está en resolver, sino en sorprender y Elisabeth Juliane 'Eli' se quedó en el camino, diciendo adiós con sus chuchillos bajo el brazo a sus amigos, enemigos y compañeros.

 

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En este sexto programa la prueba de fuego tuvo un invitados muy especial, el cocinero Karlos Arguiñano, quien se encargó de poner un ingrediente de humor en la cocina. El cerdo fue el gran protagonista del primer plato, los aspirantes tuvieron que sacar toda su imaginación para cocinar las diferentes partes de este animal, del que siempre hemos oído que se come todo. A Begoña le tocaron las manitas, a Eli la careta, a Bárbara las costillas, a Antonio Canales dar forma al solomillo, a Javier la panceta, a Antonio Arrabal el jamoncito y Miguel Cobo, quien acabó consiguiendo el brazalete de la inmunidad, por su tesón, su garra y su elegancia, la paletilla.

Miguel, a quien estas semanas habíamos visto algo nervioso, se fundió en un gran abrazo con Arguiñano, quien felicitó personalmente a todos los concursantes por su dedicación y su buen hacer entre fogones.

 

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La prueba grupal ya fue otro cantar, y la elegancia, los sabores y la creatividad brillaron por su ausencia, al menos para los exigentes paladares para los que tuvieron que cocinar. Los 7 aspirantes a Top Chef se trasladaron hasta la finca de Carlos Falcó, Marqués de Griñón, viticultor, ingeniero agrónomo y padre de Tamara Falcó. Allí bajo la atenta mirada de una de sus hijas, Xandra y de sus viñedos, los concursantes tuvieron que cocinar para alguno de sus invitados… ¡y menudos invitados!, entre ellos, estaban los chefs Ramón Freixa, Darío Barrio y Juan Pozuelo y el crítico gastronómico, José Carlos Capel, así como los tres miembros del jurado Alberto Chicote, Susi Díaz y Ángel León y el inmune Miguel Cobo, quien fue premiado fuera de la cocina con el privilegio de degustar y valorar los platos de sus compañeros, a los que previamente colocó en dos equipos.

 

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El equipo gris estuvo capitaneado por su gran amigo Antonio Arrabal y completado con Eli y Begoña, por otro lado, el equipo naranja fue dirigido por Javier Estévez junto a Antonio Canales y Bárbara. Ninguno de los dos equipos convenció a los distinguidos comensales, y sus platos fueron duramente criticados por su falta de profesionalidad, mientras Miguel Cobo intentaba escudar, sin demasiado éxito a sus compañeros. Antonio Arrabal se vino abajo con las duras declaraciones de algunos de los comensales admitiendo que esas críticas no le iban a hacer abandonar su pasión por la cocina, aunque se sintió tocado y hundido.

 

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Al final el equipo naranja logró salvarse y con ellos Bárbara, quien tras estar siempre en la cuerda floja pudo respirar con algo más de tranquilidad, Begoña, Antonio Arrabal y Eli no pudieron escaparse de la prueba de fuego y tras pedirles que cocinaran un plato ideado por Paco Roncero en el que el aceite fuera el protagonista, la menorquina cayó empicada. Begoña se salvó con su ensalada Paco, un plato en homenaje a su abuelo con tomates cherry rellenos de tartar de atún, Antonio, a pesar de que olvidó un trozo de plástico en su plato, logró conquistar el paladar del jurado, quien encontró su receta de sopa de aceite y tomate muy rica, no así el pil-pil de Eli. "Demasiado arriesgado para la última oportunidad" comentó Alberto Chicote a la menorquina, quien con la cabeza muy alta recogió sus cuchillos y se marchó no sin antes decir: "Prefiero perder así que perder porque Arrabal tenía un plástico en el plato"

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