Doble expulsión y éxito de audiencia, así fue el programa más emotivo de MasterChef

Prometía ser una noche llena de emociones y no defraudó. MasterChef vivió en su séptima entrega algunos de los momentos más emotivos y es que el nivel va subiendo y no todos han sido capaces de engancharse a él. Noé y José Luis dijeron adiós a su aventura, dos expulsiones en un mismo programa tras unas pruebas que cada vez son más complicadas y es que el concurso se acerca a una recta final que promete ser vertiginosa. Sólo pueden quedar los mejores para pelear por un premio que incluye un curso de cocina en la escuela Le Cordon Bleu, de Madrid, la publicación de un libro de recetas propias y 100.000 euros.

 

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La primera prueba era la elaboración de un pollo relleno que sólo Eva, Cerezo y Juan Manuel presentaron bien cocinado. El resto de aves estaban prácticamente crudas y con una salsa y acompañamiento que no convenció al paladar del jurado. Noé fue elegido como el peor de la prueba y expulsado, dado que su evolución durante estas semanas no ha sido la adecuada. El adiós dejó a sus compañeros muy tristes pero en seguida tuvieron que reponerse para visitar tres de los hoteles más lujosos de Madrid, en los que aprenderían a preparar una merienda de lujo.

 

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Eva, Juan Manuel y Cerezo fueron los capitanes de los equipos en el Ritz, Hesperia y Westin Palace, cuyos chefs les enseñaron a preparar los platos que ellos sirven por la tarde para comensales de lujo. Nieves Álvarez, Carolina Herrera, Roberto Torretta, los actores Miriam Gallego y Francis Lorenzo y el presentador de informativos Jesús Álvarez, entre otros, probaron sus creaciones. Los tres peores concursantes pasaron a la prueba de eliminación.

 

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María, Cerezo y José Luis tuvieron 90 minutos para preparar un solomillo Wellington, que tiene tres capas: la que da sabor (la carne), la que aísla de la humedad (bacon o jamón ibérico) y la crujiente (hojaldre). La salsa, la guarnición y el orden en la cocina son también puntos que el jurado de expertos tuvo en cuenta. Aunque fue difícil elegir entre los dos peores platos, el de Cerezo y el de José Luis, fue el último quien recibió el adiós. Sin poder apenas contener las lágrimas, el navarro aseguró que volverá a su casa con lecciones aprendidas y que seguirá disfrutando, como no, de la buena mesa.

El concurso anotó además un estupendo dato de audiencia con un 17,7% de share, sentando frente al televisor a 3,4 millones de espectadores.

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