Amigos y compañeros de profesión dan su último adiós al 'maestro' Miguel Narros

El director madrileño, uno de los grandes nombres del teatro español contemporáneo, falleció este viernes en Madrid a los 84 años

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"Maestro" ha sido la frase más repetida por los numerosos representantes del mundo del teatro para calificar a Miguel Narros, que falleció este viernes a los 84 años en la Clínica Quirón de Madrid, donde llevaba ingresado varios días. Su figura quedará en el recuerdo de todos, pero sobre todo de muchos amigos y compañeros de profesión que han querido darle su último adiós en el Teatro Real de Madrid. 

Las actrices Ana Belén, Blanca PortilloMaría Barranco, María Adánez, Pastora Vega o Nuria Espert no pudieron evitar las lágrimas al ver la capilla ardiente de Narros, que pasará a la historia por ser uno de los grandes nombres del teatro español contemporáneo. "Hoy iba a quedarme con él en el hospital", confesó Barranco muy emocionada. "Ayer por la tarde estaba bien, y la noche también la ha pasado bien. La muerte le llegó dormido", relató a EFE su viudo, Celestino Aranda, que se abrazaba a todos los compañeros que se acercaron al teatro para despedirse del director antes de que sus restos mortales fueran trasladados al tanatorio de Tres Cantos (Madrid) para ser incinerados.


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Telegramas de los Reyes y los Príncipes de Asturias expresando su pesar por la muerte del director de escena y su reconocimiento por una vida dedicada al teatro; del presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, y decenas de coronas de flores fueron llegando a la capilla a lo largo de la mañana de este sábadp. Narros tenía una "enorme generosidad", era "inteligentísimo, noble y cálido", declaró Marisa Paredes; era un "visionario", para Carmelo Gómez; "con gran sentido del humor", para María Adánez, mientras que Marío Gas destacaba que era "muy honesto". 

La más dulce y emocionada con su recuerdo fue Nuria Espert, que en declaraciones a EFE dijo que fue uno de los "grandes hombres del teatro del siglo XX y XXI", pero, sobre todo, "una de las mejores personas que he conocido en toda mi vida". Un "maestro de todos, de los actores, los directores e incluso los autores", indicaba Concha Velasco, que supo renovar la escena teatral en un momento muy necesario y que estuvo trabajando hasta el último momento.

 

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Hace unos días estrenó La dama duende en el Festival Clásicos de Alcalá (en la localidad madrileña de Alcalá de Henares) y hasta la semana pasada buscaba un proyecto en el que volver a colaborar con Blanca Portillo. "Es una pérdida para la cultura de este país, uno de las figuras más importantes que ha dado. Era arriesgado y maestro. De él han salido personas enormes. Era uno de los más grandes", afirmaba la actriz y directora, que destacó que "deja una preciosa herencia de amor al teatro".

Hasta el Teatro Real se acercaron veteranos como Alicia Hermida, Emilio Gutiérrez Caba, Pepe Martín, Tina Sainz, Manuel Galiana o Helio Pedregal. Y también Víctor Manuel, Carlos Hipólito, Charo López, Santiago Ramos, Joaquín Hinojosa, Marina Sanjosé, Lola Baldrich, Silvia Marsó, Ginés García Millán, Juan José Artero, Verónica Forqué, Pastora Vega o Juan Ribó. Además de Aitana Sánchez Gijón, la protagonista de la obra que estos días se representa en el Español y que dedicó la función a Miguel Narros, un "artesano de la perfección", que fue despedido con grandes aplausos y "bravos" en su última salida del Español.


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Nacido en Madrid el 7 de noviembre de 1928, Narros estudió en el Real Conservatorio de Música y Declamación de Madrid, y, con 23 años, se trasladó a París, donde trabajó con el director del Teatro Nacional Popular Jean Vilar. Afincado en Barcelona, trabajó como actor en el Pequeño Teatro de Barcelona, donde debutó en 1954 con Réquiem por una mujer, de William Faulkner. Como director teatral comenzó su actividad en el Teatro Español Universitario (TEU) y en 1959, con poco más de treinta años, obtuvo el Premio Nacional de Teatro por Proceso a la sombra de un burro, de Friedrich Dürrenmatt. En 1966 pasó a dirigir el Teatro Español en Madrid, al que permaneció ligado hasta 1970. Durante esos seis años dirigió numerosas obras del teatro clásico nacional. Trabajó con músicos como Carmelo Bernaola o Tomás Marco, con escenógrafos como Francisco Hernández, Francisco Nieva, Víctor María Cortezo o Fabiá Puigserver y con escritores como José Hierro, Enrique Llovet o José García Nieto.

Narros se adentró hasta mediados de los setenta en el mundo de la escenografía de la mano del arquitecto y escenógrafo italiano Andrea D'Odorico, con quien fundará la efímera compañía Teatro del Arte en los 80. Pero antes, con William Layton y el director José Carlos Plaza, promovió el Teatro Estable Castellano (TEC) que, pese a irrumpir con fuerza en la escena madrileña a finales de los 70, tuvo también una breve existencia. En 1984 fue de nuevo contratado para dirigir el Teatro Español y en esta segunda etapa estuvo hasta 1988. En ese tiempo dirigió Macbeth y Rey Lear de Shakespeare, Seis personajes en busca de autor de Pirandello, El concierto de San Ovidio de Antonio Buero Vallejo, o La malquerida de Jacinto Benavente. 


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En los años 90 dirigió en el Teatro María Guerrero, sede del actual Centro Dramático Nacional (CDN) con obras como El caballero de Olmedo y La discreta enamorada de Lope de Vega, El gran mercado del mundo de Calderón; La gallarda de Alberti, La truhana o Los bellos durmientes de Antonio Gala. Además, en esos años fue profesor de Interpretación en la Real Escuela Superior de Arte Dramático. En 2000 dirigió Panorama desde el puente de Arthur Miller, a la que siguieron Tio Vania, Doña Rosita la Soltera, El burlador de Sevilla de Tirso de Molina, o Yo, Claudio de Robert Graves, entre otras, y en 2012 puso en marcha Yerma, de García Lorca. Polifacético siempre, Narros colaboró como decorador cinematográfico en Sonámbulos, La corte del Faraón y La regenta, además intervino en películas como El diablo con amor y Los paraísos perdidos.

En su amplio currículo cuenta con el Premio Nacional de Teatro en dos ocasiones (1959 y 1986), Premio del Espectador y la Crítica, Premio del Festival de Almagro, Premio de la Comunidad de Madrid (2000), Medalla de las Bellas Artes (2001), el Max de Teatro en su categoría de director (2002) y el Max de Honor en 2009 y es Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia.

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