Michael J. Fox narra sus 18 años de lucha contra el párkinson en el libro 'Las aventuras de un eterno optimista'

Lleva nada menos que 18 años luchando contra el párkinson y el optimismo se ha convertido en su seña de identidad. El actor Michael J. Fox ha querido compartir su lucha contra esta dolencia y demostrar que, si se quiere, se puede ser positivo en tiempos difíciles. A sus 47 años ha plasmado en su segundo libro, cuyo gráfico título es Always looping up, the adventures of an incurable optimista (Mirando siempre hacia adelante, las aventuras de un eterno optimista), cómo le cambió la vida tras el diagnóstico -el primero Lucky Man (Hombre afortunado) fue un best seller en 2002-.

"Tuve que construirme una nueva vida cuando estaba muy feliz con la antigua" explica. Y es que los temblores, síntoma de la enfermedad, le quitaron su trabajo como actor, abandonó la serie Spin City, pero, como se suele decir, cuando se cierra una puerta se abre una ventana: se volcó en la fundación que lleva su nombre y que invierte en la investigación de este mal -ha repartido más de 100 millones de euros en esta labor desde que comenzó. "La cosa tiene ironía; a la vez que el párkinson me arrebató mi antigua carrera se convirtió en una nueva" dice.

Optimismo y humor
Sin perder un ápice de sentido del humor, el artista asegura que tal vez publique un tercer volumen: "Quizá un libro de colorear". Añade además que está seguro de que un día se encontrará la cura: "La única cuestión es cuando". Como parte de la promoción de este libro, se ha sentado con los presentadores más conocidos de Estados Unidos, Larry King, David Letterman y Oprah Winfrey, y ha demostrado que nada le frena. Precisamente en el show de Oprah se subió a un monopatín para demostrar que aún conserva su movilidad. "Patino mejor de lo que camino, es gracioso".

Dijo además que no quiere que su nombre esté asociado siempre al párkinson: "No quiero que me definan por mi enfermedad, sino por ser un padre, un esposo o un activista". Al finalizar la entrevista hizo de nuevo gala de una fina ironía al contestar qué es lo único bueno de esta dolencia: "Tardo menos en cepillarme los dientes".

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