Nicole Kidman y Keith Urban, como en su segunda luna de miel, en la isla de San Bartolomé

Ya de por sí es un lugar de ensueño. Pero estos días, la caribeña isla de San Bartolomé se ha convertido para Nicole Kidman y su marido, Keith Urban, en el paraíso donde disfrutar de una segunda luna de miel. Un idílico edén en el que olvidar las noches de infierno. Atrás ha quedado la pesadilla del ingreso voluntario del músico en una clínica de rehabilitación para curarse de una antigua adicción al alcohol, aparentemente superada en 1998, pero en realidad muy latente, sólo tres meses después de su boda en Sydney. Cuando todo debía ser miel, fue en realidad hiel y las promesas nupciales de "en lo bueno y en lo malo" fueron sometidas demasiado rápidamente a una dura prueba que han conseguido superar, a pesar de los escépticos. Porque lejos de alejarse, la pareja ha fortalecido su unión y su amor ha salido reforzado. Entre abandonar o echar el resto para salvar la relación, Nicole optó por lo segundo, animó a su marido a recuperarse y le apoyó en todo momento.
Ahora, Keith, que recibió el alta médica de la clínica Betty Ford el pasado 19 de enero, sólo tiene palabras de agradecimiento para la estrella de Hollywood, que a su lado es, sencillamente, una mujer enamorada. "Dicen que la pena une los corazones más de lo que nunca puede hacerlo la alegría", comentó recientemente el cantante en una televisión una vez finalizado su período de rehabilitación. "Nicole y yo hemos pasado por mucho y ella ha sido extraordinaria. Su fortaleza me impide flaquear".

Paseos al sol y refrescantes chapuzones
Superado el bache que empañó su felicidad, Nicole y Keith, que apenas han tenido tiempo de disfrutar de su matrimonio —el cantante incluso pasó la Navidad ingresado—, celebran su "victoria" con unas merecidas vacaciones en las indias orientales francesas a bordo de un lujoso yate en el que recorrieron la zona. El hecho de que la actriz embarcara primero en un imponente velero junto a un grupo de amigas sin que hubiera rastro de su marido, que atendía en Estados Unidos unos compromisos de última hora, concretamente un concierto en Nashville, despertó algunos comentarios sobre una crisis, hoy, y a tenor de las imágenes, inexistente. Cualquier especulación sobre la ausencia del músico cae por su propio peso, porque Keith se reunió con su mujer en cuanto cumplió con su agenda (ha retomado la promoción de su cuarto disco de estudio, «Love, Pain&the Whole Crazy Thing», que se vio interrumpida por las circunstancias el pasado octubre, por cuyas ventas acaba de recibir siete discos de platino en Canadá) y no se ha separado de ella ni un segundo durante sus particulares "vacaciones en el mar". Ha habido tiempo para románticos paseos por la playa, en los que la actriz, de piel casi marmórea, se ha protegido del sol con un gran sombrero y una camisa blanca, refrescantes chapuzones en las aguas cristalinas, excursiones a pie y en lancha motora y confidencias a la luz de la luna en la cubierta del barco. Nada ni nadie le borró la sonrisa del rostro a la pareja en sus primeras vacaciones juntos desde su "anterior luna de miel" (la real) a finales del pasado junio. "Parecían decididos a mostrar su amor, incluso en público", ha comentado a la prensa británica un veraneante que se cruzó con ellos.

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