La boda de Marcia Cross con el financiero Tom Mahoney en California

Todo el evento se sentía como la elegancia descalza». El paseo de la novia hacia el altar de la parroquia episcopal de Nuestro Salvador iba precedido por siete niñas —seis eran hijas de las mejores amigas de Marcia y la séptima, su sobrina de tres años—, que dejaban un rastro de pétalos de flores. «Están muy cerca de mí y las quiero mucho. No podría haber elegido a nadie mejor», comentó Marcia sobre su especial comitiva infantil. A las pequeñas les seguía Susan Hett, la hermana de la novia y también su dama de honor.

Marcia entró acompañada por su madre, Janet, de setenta y dos años, y su padre, Marc, de ochenta y tres, y su hermana pequeña, Helen, cantó la canción «Only Love Remains», de Paul Mc- Cartney. La pareja había preparado los tradicionales votos matrimoniales, pero la actriz se salió del guión: «Después de decir "te honraré, te querré... y todo lo demás" cuchicheé para mí, "pero no tengo que cocinar"».
Otro de los momentos más divertidos se produjo cuando sonó el teléfono móvil de Tom en mitad de la ceremonia. «Marcia no podía contener sus risitas », comenta Brenda Strong.

Los recién casados y sus doscientos cuarenta invitados se trasladaron entonces al hotel Ritz Carlton de Pasadena, donde disfrutaron de una cena a base de frutos del mar y filet mignon en mesas llenas de hortensias y rosas de vivos colores. Marcia y Tom cortaron la tarta nupcial de cinco pisos, cada uno de un sabor diferente. «¡Parecía el Empire State Building! », cuenta la novia, que dice haberse sentido «abrumada» durante toda la celebración. «Con los ojos trataba de brindar con toda mi familia, mi nueva familia y mis amigos. Fue un momento cálido, rico y apasionado».

Y más apasionado fue aún su primer baile como señora Mahoney. «Sigo flotando cuando lo pienso». ¿La canción con la que abrieron? «At Las», de Etta James. «¡Uno tiene que escoger algo acorde con su edad!». La novia bailó después con su padre el tema «What a Wonderful World» bajo los acordes de la orquesta. «Pensé que nunca me casaría y creía que nunca tendría la ocasión de bailar con mi padre el día de mi boda». Y Marcia bailó sin parar.

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