Las imágenes de la boda de Marcia Cross con Tom Mahoney en California

En los años noventa interpretó a la malvada doctora Kimberly Shaw en la serie estrella del momento, «Melrose Place», hace dos años se transformó en Bree van De Kamp, la perfecta y estirada esposa de «Mujeres desesperadas», que arrasa en la televisión estadounidense, y el pasado 24 de junio fue la feliz novia de una boda de ensueño. Pero esta vez en la vida real, sin trampa ni cartón. En esta época en la que Hollywood vive una auténtica fiebre de «sí, quiero», Marcia Cross recorrió el pasillo de la iglesia de Nuestro Salvador, en la localidad californiana de San Ga- briel, mientras en el templo se escuchaba el tema «Only Love Remains» interpretado a la guitarra por su hermana, Ellen.

La actriz, famosa por su pelo rojo como el fuego y sus marcadas facciones, había ideado un enlace tradicional y lleno de detalles que hicieron único su gran día. ¿Por qué conformarse con una niña lanzando pétalos de flores abriendo paso a la novia si puede haber siete? Desde la guirnalda de peonías en forma de corazón que adornaba la puerta de la iglesia hasta el estallido de tulipanes blancos del salón donde se celebró el banquete, sin olvidar los lilium Casablanca, los lirios y las calas de la tarta nupcial de cinco pisos rematada con rosas lilas, las cientos de flores fueron algo más que un simple detalle decorativo en la boda de la actriz con el financiero Tom Mahoney. Eran sobre todo un tributo a su primer encuentro.

Marcia, de cuarenta y cuatro años, estaba echando un ojo en una floristería de Los Angeles en 2004 cuando se fijó en él. Le preguntó a un empleado por la identidad del atractivo caballero, y él, discretamente, le ofreció pasarle su número de teléfono. «Me llamó una semana más tarde», comenta la actriz. Dos años después, una de las pocas indicaciones que dio al organizador de su boda, a la que asistieron sus compañeras de «Mujeres desesperadas», Eva Longoria y Felicity Huffman, fue que el escenario «pareciera una floristería ». Y Marcia se asombró con el resultado: «Ha sido uno de los eventos más hermosos en los que he estado jamás. ¡Desearía poder volver y mirarlo una y otra vez!».

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