Carlos Larrañaga y Ana Escribano esperan su primer hijo

—Enamoradizo sí eres, aunque, por otra parte, has tenido dos largas relaciones (tu matrimonio con María Luisa Merlo duró diecisiete años y con Ana Diosdado estuviste casado dos décadas)...
No soy enamoradizo. He tenido las relaciones que he tenido y que todo el mundo sabe. He conocido a personas absolutamente maravillosas y a otras que no lo eran tanto, porque... hay de todo en la viña del Señor. Guardo un recuerdo maravilloso de María Luisa y la quiero enormemente; Ana Diosdado es una señora maravillosa, de la que he estado profundamente enamorado también. Y no sólo la he querido —en pasado—, la quiero, en presente. Es un ser fuera de serie. Puedo decir, por ejemplo, que una de las primeras personas que supo que estamos esperando un hijo ha sido ella, y me dijo unas cosas maravillosas.
—¿Qué os une?
Todo. Comprensión, amor, respeto... Nos gustamos mucho, nos sentimos, nos reímos mucho juntos.
—¿Cómo es Ana? (sin ristra de adjetivos).
Ana, para empezar, es una persona que tiene muchos amigos y muchas amigas, que la quieren mucho. Es un ser entrañable. Pero cómo es Ana... sólo lo sé yo. Y no lo pienso decir. Me limitaré a decir que es maravillosa.
—¿Qué te ha dado a ti?
Ganas de vivir, ganas de luchar. Me ha dado una relación de un hombre joven... Ya lo sé: no físicamente joven, porque todo está en el cerebro, incluso diría... la juventud. Al lado de Ana, gracias a Ana, me siento mucho más joven de lo que soy.
—¿Y tú qué le has dado a ella?
Para empezar, una fidelidad absoluta. Se lo he jurado y voy a cumplir ese juramento. Ya no miro a ninguna mujer. No puedo hacerlo, no puedo mirar a otra, ni aunque vaya solo por la calle, porque si lo hiciera sería ofender a Ana, sería ofender su recuerdo y todo lo que me da. Supondría una ingratitud total y absoluta.
—Háblanos de la primera vez que viste a Ana. ¿Hiciste un «casting» para la obra de teatro?
No fue realmente un «casting». Empezaba una función como director y coproductor y un día me llamó Ana porque sabía que estaba buscando actrices. Le dije: «Sí». Vino a casa, la vi, me dejó un DVD suyo, lo estuve viendo tranquilamente, me pareció una actriz estupenda y empezamos a ensayar.
—¿Y surgió rápidamente el amor?
En absoluto. Lo que ocurrió fue que a medida de ir dirigiéndola y al ver su respuesta como actriz, me fue gustando como profesional. Debo decir que primero me enamoré de la actriz, porque es una fuera de serie; después, y

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