Carlos Larrañaga y Ana Escribano esperan su primer hijo

El día que Ana Escribano marcó el teléfono de Carlos Larrañaga para interesarse por la obra «El hombre del Central Park», que el famoso actor iba a protagonizar y dirigir, no podía ni siquiera remotamente imaginarse que aquella llamada era el inicio de algo que meses después iba a cambiar por completo su vida. En aquel momento, ella era tan sólo una actriz que se ofrecía para un papel en la ficción. Hoy, Carlos y Ana son los protagonistas de una sorprendente historia de amor en la vida real. Una historia de amor en la que les une todo..., menos los treinta y seis años de edad que les separan. Carlos y Ana han posado para nosotros en una «suite» del hotel Ritz, de la capital de España, y nos han dado la noticia de su próxima paternidad y de su inminente boda.

—Carlos, a las alturas del partido por lasque transcurre tu vida, ¿rejuvenece por dentro tener un hijo?
Por supuesto. Rejuvenece no sólo el hecho de tener un hijo, sino el querer tenerlo con la mujer a la que adoras. A mí quien en realidad me ha rejuvenecido ha sido Ana, es el cariño inmenso de Ana, el amor que Ana me demuestra. Y la culminación de una pareja que se ama y que no quiere ya vivir el uno sin el otro es tener un hijo.
—Dicen que a una determinada edad los hijos llenan más...
Lo que ocurre es que cuando cumples determinada edad valoras más las cosas. Por lo general —y está muy bien—, los hijos te llegan cuando eres muy joven. Y entonces no es que no disfrutes de ellos: claro que disfrutas. Lo que sucede es que cuando, a mi edad, Dios te regala un hijo, disfrutas mucho más. Así que pueden imaginarse cómo me siento yo... Ayer a Ana, que está casi de dos meses, le hicieron una ecografía y ya se ven los bracitos formados, el corazoncito, que latía con fuerza... Es una maravilla y una bendición del cielo. Es lo más bonito que me ha pasado en la vida.
—Es, sin duda, un niño querido y buscado, ¿no?
Es un hijo deseado, soñado, anhelado y buscado. Lo dicho: una bendición de Dios.
—Carlos, hay opiniones para todos los gustos, y, en consecuencia, no faltará quien diga: «Qué valiente decidirse a tener un hijo a su edad», y, por otra parte, quien comente: «Es una irresponsabilidad a sus años...»
Respeto la opinión de todo el mundo, pero mis decisiones las tomo yo. Entonces, me voy a ocupar de que ese hijo sea feliz y tenga de todo..., incluso cuando ya no esté yo. Lo que siento es no haberlo tenido antes para haber podido disfrutar de él, pero no pudo ser..., sencillamente, porque no conocí antes a Ana.

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