Para ella parece que no pasan los años. Y sin embargo han transcurrido catorce desde que Sharon Stone y un seductor cruce de piernas hicieran historia en el cine. La actriz, de cuarenta y ocho años, desplegó todos sus encantos en la presentación en Madrid de la segunda entrega de "Instinto básico", que promete relanzarla nuevamente como icono de la femme fatale en su papel de Catherine Tramell, la escritora asesina que en el filme original sedujo a Michael Douglas con su mortífero magnetismo. El mismo magnetismo que destiló ante la prensa con una inmensa sonrisa, mirada pícara y actitud dulce, como de quien ha encontrado la paz. Ella, recién llegada de un viaje a Israel de cinco días invitada por el ex primer ministro Sharon, tiene claro que su mayor preocupación ahora es, precisamente, la paz en el mundo. Ha cambiado desde que rodó, a los 34 años, la primera parte de la película (se casó, se divorció, adoptó dos hijos, y superó un derrame cerebral), y ha ganado "«En estos 14 años ha habido muchos cambios en mi vida. He sido madre, he pasado una enfermedad y todo ello me ha hecho madurar. Ahora Comprendo mejor a los demás y a mí misma, haber sido madre me ha ayudado, al igual que haber viajado mucho por el mundo. Mis prioridades han cambiado".

Llegó con retraso, media hora sobre la hora prevista después de varios cambios de horario durante toda la tarde (su avión privado procedente de París aterrizó con retraso en el aeropuerto de Torrejón de Ardoz por tráfico aéreo, según parece) y se presentó felina, con un largo traje de leopardo e interminable apertura lateral, el pelo recogido y botas camperas (más tarde, para asistir al preestreno lució un vestido rojo de Valentino y joyas de Chopard a juego). Se emocionó -lágrimas incluidas- cuando un compañero de la prensa le regaló una tarta de chocolate con el número 48, los años que cumplió el pasado 10 de marzo y reconoció que "esto sí que no me lo esperaba". Segundos después sus carcajadas nerviosas inundaban la sala. La actriz en pleno ataque de risa fue incapaz de pronunciar ni una palabra durante unos cuantos minutos. Sharon Stone se demostró, ya ven, como una persona de carne y hueso: "He aprendido que está bien no tratar de estar fabulosa y estupenda todo el tiempo. Ahora puedo ser realmente yo misma, y soy una persona tímida. Estoy en un momento de reaprendizaje, trato de saber mantenerme si necesidad de ser seductora".

Está espectacular, y no sería humana si no tuviera sus trucos de belleza: "Me lo pregunta tanta gente que estoy pensando en sacar una cinta o algo así. Siempre he sido muy atlética y siempre me he cuidado la piel. Por eso supongo que soy imagen de Dior. Es una cuestión de respeto hacia una misma. No abuso del alcohol o las drogas aunque tampoco soy una santa. Cuido mi salud sin ser una fanática. No se trata de hacer un esfuerzo especial, sino de una forma de vida". Pero su mejor aliado a la hora de estar así de espléndida es el amor (aunque no habló de ningún hombre especial en su vida): "Estar rodeada de gente que te quiere, no negativa. Si alguien no tiene a nadie que adopte, a un padre, a una madre, unos abuelos. Mis abuelos murieron cuando yo era muy joven, así que he adoptado a unos abuelos en Nueva York".

"No es un secreto que la mujer a los cuarenta, y algo más, siempre ha tenido una profunda y poderosa capacidad de atracción sexual. Pero ha habido épocas en las que esa información no aparecía en el cine ni en la publicidad. Todas esas mujeres del pasado tan glamourosas como Bette Davis o Rita Hayworth, eran además fuertes y seductoras. Hemos llegado a la seducción post-feminista. No se trata de una película de palomitas, tampoco estamos ante una moda pasajera, hemos logrado posiciones totalmente nuevas, con cargos en los Gobiernos, en los trabajos. Me alegro mucho de que ahora se empiecen a ver esos cambios en la sociedad".

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