Así fue la gran noche de los Oscar

El cine de autor. El cine del compromiso y de la seriedad. Hollywood ha optado por el mundo real frente a la fantasía llevando a la alfombra roja de la 78ª edición de los Oscar una serie de películas que casi se puede leer como una lista de los derechos cívicos que preocupan en Estados Unidos: la responsabilidad de los medios de comunicación (Buenas noches, y buena suerte y Capote), la respuesta al terrorismo (Munich), la homofobia (Brokeback Mountain) y las tensiones raciales (Crash). Y en un año en el que la taquilla americana se ha resentido, la Academia ha querido ensalzar al cine por encima de todo. La 78ª edición de los Oscar ha sido más que nunca la gran fiesta del séptimo arte, el homenaje por y para sí mismo: el negro, el de aventuras, el biográfico. Todos los géneros han tenido cabida.

Humor y elegancia
Nada de originalidades como la del pasado año con gente presentando entre butacas o en los palcos. Y todo para no romper el ritmo de la ceremonia, de tres horas y media de duración, cuyo anfitrión ha sido por primera vez Jon Stewart, conductor del noticiero satírico The Daily Show. El maestro de ceremonias, elegido después de que Billy Crystal declinara la invitación de la Academia, ha conseguido aunar el humor con la elegancia, de tal manera que la gala ha navegado por aguas calmas con su toque de sal, algunas bromas que tal vez, sólo tal vez, a alguno hayan escocido. Los nombres de la gran mayoría de los candidatos en las categorías de interpretación eran desconocidos para el gran público, así que los organizadores se aseguraron la presencia de un buen número de estrellas para entregar alguno de los galardones. Desde Nicole Kidman, la primera en asomarse al escenario con un elegante vestido con escote palabra de honor, a Jack Nicholson -el último en aparecer-, todos han logrado que un año más los Oscar sea la cita del glamour y el esplendor por excelencia.

Crash da la sorpresa
Lo que prometía ser un frente a frente entre los cowboys de Ang Lee y los periodistas de George Clooney se ha quedado en nada. Porque la 78ª edición de los Oscar se recordará, además de por ser la de los filmes más comprometidos y ‘menos políticamente correctos’ de los últimos años, porque los galardones se han repartido de tal manera que no ha habido lugar para una gran triunfadora. Nadie ha arrasado como en otras ocasiones (la última vez que ocurrió algo así fue hace dos años cuando El señor de los anillos. El retorno del rey se llevó once Oscar), pero triunfadora ha sido, desde luego, Crash (ópera prima del guionista de Million Dollar Baby treinta y seis horas de miedo e intolerancia en la ciudad de Los Ángeles) por saltarse todos los pronósticos y llevarse el último y más codiciado premio de la noche, el de mejor película (también mejor montaje y mejor guión) cuando ya todos pensaban que se lo llevaría Brokeback Mountain tras haber subido minutos antes Ang Lee a recoger el premio como mejor director y copar los primeros puestos de todas las quinielas.

La historia de amor vaquera en las montañas de Wyoming llegaba al Kodak Theatre con ocho candidaturas y logró tres, además del premio al realizador taiwanés, que ya había optado a la estatuilla por Tigre y Dragón, se alzó el de mejor guión adaptado y mejor banda sonora.

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