Antonio Banderas derrocha profesionalidad en los Goya 2006

No estuvo Penélope Cruz derrochando glamour sobre la alfombra roja. Pero otro español triunfante en Hollywood, Antonio Banderas, se encargó de dar esa chispa de emoción que necesita toda gala que se precie.

Faltaba a la cita con los premios Goya desde hace diecinueve años más centrado en su carrera al otro lado del Atlántico, pero aprovechando que pasa una temporada en España rodando en Málaga no quiso perderse la celebración del vigésimo aniversario de los galardones. El año que nacieron estos, 1987, el participaba de hecho en la película estrella de aquella primera edición, Mujeres al borde de un ataque de nervios, la cinta de Almodóvar que le allanó el camino hacia América. Antonio se ha labrado una carrera importante allí donde las estrellas brillan más que los faros bixenon de los coches de última generación, pero no pierde, porque no quiere, su esencia española, y la oportunidad de reencontrarse con viejos compañeros fue más fuerte que la amigdalitis aguda que le ha tenido en cama las últimas dos semanas (con retraso del rodaje de El camino de los ingleses incluida).

Llegó a la ceremonia escoltado por dos de los jóvenes actores que ruedan bajo su batuta, Alberto Amarillo, cuyo rostro es muy popular por su trabajo en la serie Mis adorables vecinos, y María Ruiz. "Acabo de hablar con Melanie, me ha dicho que no me caiga por las escaleras", comentó con su habitual humor. Por si casi dos décadas no habían sido suficientes, tuvo que esperar otras cuatro horas y media para hacer su aparición estelar porque entregaba el último galardón y la cosa se eternizó. "Hace ya muchos años, quizá demasiados, que veo esta ceremonia a través del canal internacional de Televisión Española, así que es muy bonito y emocionante volver a mi casa. Tengo que agradecerle a la Academia que me haya ofrecido el honor y el privilegio de presentar el último Goya de la noche".

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