Juan Alfonso Baptista, de 'Pasión de Gavilanes', nos presenta a su familia

El género de la telenovela —en España, más conocido como culebrón — ha resurgido de sus cenizas este verano y recobrado un auge que nos transporta a las épocas de la mítica ‘Cristal’.Sus protagonistas, hasta entonces prácticamente unos desconocidos en nuestro país, han ganado más popularidad que las rebajas de temporada. Tal es el caso de Juan Alfonso Baptista, galán de moda gracias al papel de Óscar en ‘Pasión de gavilanes’,la serie que bate récords, convertida en un fenómeno sociológico, en más de cincuenta países. Más conocido como ‘El Gato’,por aquello de su felina mirada, a este venezolano se lo rifan para protagonizar nuevas teleseries.
La popularidad de este actor de veintinueve años rebasa ahora medio mundo —de Argentina hasta China, pasando por España —, y eso que iba para futbolista. Tenía diecinueve años, era el portero de la selección de fútbol de Venezuela y estudiante de segundo de Odontología cuando descubrió que lo suyo eran las cámaras. Desde entonces, y en diez años, lleva diez telenovelas a sus espaldas y un éxito que se multiplica.
Sin embargo, no fue un camino fácil. A punto estuvo de tirar la toalla cuando, a consecuencia de un cambio brusco de temperatura, sufrió una parálisis facial que le obligó a interrumpir su carrera durante un año, con la incertidumbre de si se recuperaría alguna vez o no. Ahora ríe y habla torciendo la boca como consecuencia de aquella afección. Quizá por ello ahora no se marca metas y vive el día a día con toda intensidad.

El popular actor nos recibió en su hogar de Caracas junto a sus padres, su abuela y su novia, la bella modelo y empresaria Natalia. Con ella y con la hija de ésta, Mariana, lleva ya dos años compartiendo residencia en Bogotá.
—La nuestra es una relación muy bonita, muy sólida, fruto del amor, la comprensión y del respeto mutuo.
—¿Tenéis planes de boda?
—En un futuro, cuando la relación alcance su madurez. No queremos precipitar nada, no es necesario. Llegará el momento de dar ese paso, ambos queremos darlo y lo daremos, pero, por ahora, estamos muy bien así, que es como si estuviéramos casados.
—¿Cómo llevas el papel de padre de Mariana, la hija de Natalia?
—Es un cometido que me fascina y una experiencia estupenda, muy positiva. No soy ni pretendo ser su padre, muchos menos un padre autoritario, para nada, pero sí me corresponde la enorme responsabilidad de ejercer de figura paterna, como educador, sobre todo. Es una gran responsabilidad, pero es también una experiencia muy bonita que me encanta estar viviendo. Nos llevamos estupendamente.

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