Russell Crowe, días de amor y pasión en Venecia

Nada que ver la imagen que Russell Crowe paseó ayer por el Lido con los últimos acontecimientos protagonizados por él y que consiguieron empañarla del todo (recordemos que enfadado por no poder comunicar con su mujer le tiró un teléfono a la cara a un empleado del hotel Mercier de Nueva York, luego pidió disculpas a través de la televisión y su último paso ha sido ofrecer una cuantiosa suma de dinero para que se retire la demanda ya que de no ser así, podría acabar en la cárcel).

En Venecia el actor, lejos de ser la estrella irascible que parecía el pasado junio, mostró su lado más amable (y el más desconocido). Sería porque le acompañaban (¡menos mal!) su esposa Danielle y el hijo de ambos, el pequeño Charles, por quien Russell se desvive. Y sobre la alfombra roja vivimos momentos de pasión y amor, porque el protagonista de Gladiator no dejó de besar a su mujer en ningún momento. Presentaba en la Mostra la última cinta de Ron Howard, Ciderella Man, que protagoniza con Renée Zellweger, ya totalmente recuperada su esbeltísima silueta después de convertirse por segunda vez en Bridget Jones.

La película, que cuenta la historia del boxeador James J. Braddock, ha recibido el elogio de la crítica de este a oeste de Estados Unidos, un triunfo al que no ha acompañado la taquilla, ya que sólo ha recaudado por el momento 61 millones de dólares. Russell Crowe llegó al Palazzo del Cinema procedente de la Provenza donde rueda la película A Good Year, en la que interpreta a un viticultor a las órdenes de Ridley Scott, Ron Howard hizo breve paréntesis en el rodaje de El código Da Vinci y Renée Zellweger interrumpió para estar en Venecia sus vacaciones al lado de su marido, el cantante de country Kenny Chesney, que por cierto, no se dejó ver.

Más sobre: