02 SEPTIEMBRE 2005

Sarah Biasini, hija de la inolvidable Romy Schneider, tras los pasos de su madre

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"¡Soy actriz!. Para mí es un verdadero lujo poder dedicarme a un oficio con el que he soñado durante mucho tiempo"<br><b>Pinche sobre la imagen para ver las ampliaciones y más fotografías</b> 
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Una imagen familiar de los tiempos felices en la que Romy Schneider y su hija, Sarah, que por entonces tenía dos años, disfrutan de un divertido baño en la piscina. Apenas tres años después, Romy se iba para siempre 
Soy actriz —dice maravillada—. Para mí es un verdadero lujo poder dedicarme a un oficio con el que he soñado durante tanto tiempo. Sarah Biasini ha superado la timidez y los complejos que, según confiesa, le impidieron iniciar antes su carrera de actriz. El éxito de Julie, chevalier de Maupin, el telefilme de Charlotte Brändstrom con el que debutó en 2004, dio alas a la hija de Romy Schneider. Realizó sus primeros papeles en la gran pantalla con Mon petit doigt m’a dit, de Pascal Thomas, que se estrenó en abril, y Primptemps de vie, un cortometraje de Igor Trifunovic. A partir del 6 de septiembre estará sobre el escenario del teatro Petit Marigny para interpretar Descalzos por el parque, la célebre comedia de Neil Simon. Sarah apenas tenía cinco años cuando su madre falleció trágicamente, pero heredó su belleza y talento. Para la joven, de veintiocho años, suceder a Romy es la manera más hermosa de resucitarla. "En mi adolescencia —confiesa— me rebelé. No quería realizar el mismo trabajo que mi madre en absoluto". Afortunadamente, la vocación ha terminado siendo más fuerte. Por algo Sarah pertenece a una prestigiosa dinastía de actrices.

—A pocos días de la primera representación de «Descalzos por el parque», que marcará su debut en el teatro, ¿cómo se siente?
—Me siento a la vez muy feliz y emocionada por debutar dentro de poco en el teatro. Tengo muchas ganas de que llegue el día del estreno. Y es una sensación que me gusta, porque tengo ganas de sentir ese cosquilleo. En estos momentos tengo diez mil sensaciones distintas, y eso me gusta.
—¿Siente nervios al lanzarse así a los escenarios, sin red?
—Un poco. Es normal. Pero, al mismo tiempo, disfruto mucho ensayando con mis compañeros.
—Hasta el momento, sólo se le ha visto actuar en un drama para televisión, "Julie, chevalier de Maupin". ( ¿Cómo ha llegado a estar hoy metida en esta aventura teatral?
—Mi agente, Laurent Savry, me dijo hace unas semanas que Steve Suissa, al que yo ya conocía como director de cine, quería verme para Descalzos por el parque. Leí el texto y acepté el papel.

’Mi madre nunca me llevó a un plató’
—¿Una debutante como usted se comporta sobre un plató como una actriz obediente?
—Aunque a veces me dan ganas de intentar improvisar un poco, tengo la necesidad de que me dirijan, porque, en realidad, por mí misma no tengo conciencia de lo que hago. Necesito la mirada del director, y no sólo acepto su autoridad, sino que la reclamo. Reclamo ser modelada como si fuera plastilina y estar al servicio de lo que ha imaginado.
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