Hilary Swank, una actriz con gancho

¿Es posible no quedar impresionado por una estrella?
Lo es. Cuando Clint entra en una sala todo el mundo se detiene. Todos se paralizan. Actores, directores y personas que tienen el mismo talento que él y son igual de increíbles se siguen sintiendo abrumados por Clint. Es un icono, una leyenda, en cierto modo forma parte de nuestra historia del cine. Crecí viendo sus películas, rodaba antes de que yo naciera, es un fuera de serie. Nunca existir otro Clint Eastwood, así de sencillo.

¿Cuánto tardaste en superarlo?
Al haberme reunido tantas veces con él antes de empezar a trabajar, ya lo había superado cuando iniciamos el rodaje. Pero créame, había una parte de mí que esperaba poder recitar mi texto y no quedarme contemplándole. Podría hablar sobre Clint todo el día. Tiene muchas cualidades, pero creo que destacaría que Clint es resuelto, contrata a la gente y al equipo que considera apropiado para el trabajo. Considera que los que le rodean son los mejores. Y se limita a decir: "Confía en tu instinto y no pienses demasiado".

¿Le resultó difícil boxear?
Descubrí que a pesar de que creía tener algunos conocimientos sobre boxeo, en realidad no sabía tanto. Me pareció que quizá sólo necesitaría unos dos meses de entrenamiento. Después de cuatro horas, seis días a la semana durante tres meses antes de comenzar el rodaje, quería más. Necesitaba más tiempo.

¿Cómo fue el entrenamiento?
Bien, le contaré lo del entrenamiento, pero sólo por hablar un poco sobre boxeo y sobre cómo se te mete en la sangre. Antes no apreciaba nada el boxeo, no entendía el concepto de querer pegar a alguien y que te golpeen. Era algo que se me escapaba por completo. No era seguidora de este deporte. Ni siquiera puede decirse que no fuera seguidora, sencillamente ni se me pasaba por la cabeza. Empecé a boxear y me di cuenta - no sé si alguno de ustedes juega al ajedrez - pero es como una gran partida de ajedrez. Estás en el ring con alguien, buscando constantemente sus puntos fuertes y débiles y, a la vez, aprendes sobre los tuyos propios porque cada oponente hace aflorar un nuevo punto fuerte o débil. Peleaba con boxeadores profesionales. Me pegaban y yo pegaba. La primera vez que golpeé a alguien dije: "Lo siento". Mi entrenador se enfadó, me gritó: ¡No digas eso nunca!". Estalló. Yo respondí: "Lo, siento, lo siento". Y me dijo: ¡Basta ya!" Y al poco tiempo se te empieza a meter en la cabeza la mentalidad de un boxeador. Una vez le hice sangre en la nariz a un tipo y me volví hacia mi entrenador después de que finalizara el asalto y sonreí. No dije "lo siento".

¿Has mantenido la musculatura?
No, porque me iba a poner enorme. Mi entrenamiento consistía en dos horas y media de boxeo y aproximadamente una hora y media de pesas todos los días, seis días a la semana. Los productores me pidieron que ganara cuatro kilos y medio de músculo. Gané casi nueve. Y por orden: empecé pesando 50 kilos y acabé con 58. Y para conseguirlo, comía 210 gramos de proteínas cada día. El cuerpo humano puede asimilar una cantidad determinada de proteínas, así que tenía que comer cada hora y media. En cada comida me bebía dos claras de huevo porque no podía comerme ocho, o doce, de una sentada. Es lo peor del mundo. Tenía que beber aceite de semillas de lino, porque es importantísimo para el cerebro y para mantener la circulación intestinal que resiente al ingerir tantas proteínas.

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