Laura Valenzuela: 'Yo puedo más que la enfermedad que tengo y no me amargará la vida'

—Entonces, el médico te dice que hay que intervenir y te vas a Houston.
—En esas fechas, Lara y yo teníamos previsto un viaje. Pensamos en anularlo a la vista de lo que había sucedido, pero el médico me indicó que, mientras teníamos el resultado de las pruebas, nos podíamos ir de viaje.
—Y os fuisteis.
—Nos fuimos. Y estando fuera, llamé por teléfono para enterarme de los resultados y me dijeron: «Tiene actividad».

«Pues nada, cuanto antes mejor»
—Laura, ¿por qué irte a Houston si en España existen muy buenos oncólogos?
—Mi médico me recomendó lo que en términos clínicos se conoce como una «segunda opinión». Y como él sabía que cada año vamos a Houston para la revisión de Lara, me comentó que por qué no me veían allí.
—Y llegas a Houston.
—Así es. Me hicieron todo tipo de pruebas. Estuve dos días internada.
—¿Coincidió el diagnóstico con el que te habían dado en España?
—Totalmente. Me dijeron exactamente lo mismo.
—Te operaron en seguida.
—En seguida, sí. La cirujano que me intervino, una señora muy agradable, por cierto, tenía que irse a un congreso y me dijo: «Puedo operarla el viernes». Y esto era un miércoles. «Pues nada, cuanto antes mejor», le respondí.
—Y te metieron al quirófano.
—La operación duró hora y media, aunque luego estuve dos horas en reanimación. Cuando abrí los ojos y vi a mi hija, le pregunté: «¿Cómo ha salido todo?». Apenas podía hablar, porque me habían administrado anestesia general.
—Tendrías que estar ingresada unos días.
—¡Qué va! Fue cirugía ambulatoria. Esa noche ya dormí en el hotel.

«Hay algo que te da fuerzas para continuar»
—Para Lara también habrá sido un trago importante, no ya sólo por tu operación, sino por revivir un poco todo lo que ella pasó en su día.
—Lara, gracias a Dios, ha olvidado el episodio de su operación, pero hay otras cosas que...
—Hay que aprender a vivir con ellas.
—Claro, mi hija sabe que está completamente curada, pero que ahí está.
—Dime si me equivoco: seguro que lo pasaste peor con Lara.
—No te equivocas para nada. Lo pasé muchísimo peor con ella y me imagino que a ella le pasará lo mismo. Pero lo hemos tomado con mucha filosofía.
—Ya me dirás cómo se puede estar de buen humor en una situación así.
—No lo sé. Y, por otra parte, nunca he sido buena actriz, con lo cual no podría fingirlo de ninguna de las maneras. Sin embargo, hay algo que te da fuerzas para continuar.
—¿Te han hablado de tratamiento?
—Sí.
—¿Aquí o allá?
—Eso es lo que estamos analizando, pero creo que voy a dármelo en España, porque los protocolos son los mismos en los dos países.

«No sé cuánto tiempo durará el tratamiento»
—Tu médico de España te habrá orientado un poco.
—Aunque faltan todavía los resultados de los últimos análisis, por lo que me han dicho, tendrán que darme quimioterapia, aunque no sé cuánto tiempo.
—Te habrás acordado mucho de José Luis, tu marido.
—Sí, lo que pasa es que los hombres...
—Vamos, que los hombres somos un poco más cobardicas.
—Un poco, sí. José Luis, que adoraba a su hija, se vino abajo cuando Lara tuvo que operarse.
—Repites a menudo el factor suerte, Laura.
—Porque soy una mujer con suerte, aunque a ésta hay que cuidarla y mimarla.

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