Laura Valenzuela: 'Yo puedo más que la enfermedad que tengo y no me amargará la vida'

No ha perdido el sentido del humor en ningún momento. Lo cuenta todo con una naturalidad asombrosa. Acaba de cumplir setenta y cuatro años y, de verdad, nadie lo diría. Acaba de regresar de Houston, donde le han operado de un cáncer de pecho. Habla sobre ello como si no quiere la cosa, pero, eso sí, sin quitar la importancia que tiene. Una mujer positiva a rabiar, a quien la vida ya le ha puesto a prueba. Laura nos ha recibido en su casa de Madrid para contarnos los días vividos, las horas sufridas y los instantes de desánimo, que también los ha habido, pero siempre con la luz del optimismo y el poder que te recorre cuando se está dispuesto a librar y a ganar la segunda gran batalla de tu vida. Porque la primera, que se llamó Lara, ya es historia.

«SEÑORA, AQUI HAY UN ERROR»
—De verdad, Laura, que no aparentas la edad que tienes.
—Pues sí, son setenta y cuatro. Recuerdo que me pasó una cosa muy curiosa en Houston.
—Tú dirás.
—Yo era solamente una señora más de las que allí acuden, no como en España, que soy más conocida.
Entonces, al entregar mi impreso rellenado y ver la edad que ponía, me dijeron: «Señora, aquí hay un error». Pero no fue ésa la primera vez. Hubo otra. Cuando ya estaba en la mesa de operaciones preparada para ser anestesiada.
—Y lo recuerdas.
—Sí. El ayudante del anestesista me dijo: «¿Le importa a usted que pasen dos enfermeras?». Y digo: «No». Pasan, se quedan mirando y se van cuchicheando en voz baja.
—No se creían lo que habían visto.
—Comenté: «Pero, ¿tanta es la sorpresa?».
—Estás eufórica, Laura.
—Sí, porque desde el momento en que supe lo que tenía me dije a mí misma: «Hay que luchar ». No olvides que yo ya he pasado por esto.
—Te refieres a cuando tu hija, Lara.
—Efectivamente. Pero entonces me dolía más, porque se trataba de mi hija. Pero, en esta ocasión, me he mantenido muy bien, muy tranquila y pensando que esto es algo que hay que cuidar y, sobre todo, revisarse. También he tenido mucha suerte.

«HAY QUE PREVENIR»
—¿Por qué dices eso?
—Desde hace muchos años soy voluntaria de la Asociación Española contra el Cáncer y me he recorrido media España diciendo: «Hay que prevenir, hay que hacerse mamografías y citologías todos los años».
—Parece como si quisieras dar a entender que te has abandonado un poco en ese sentido, Laura.
—Tienes toda la razón. Resulta que llevaba bastantes años sin hacerme nada y siempre decía: «El mes que viene, el mes que viene».
—Por eso dices que has tenido suerte.
—Por eso.
—¿Qué te hace finalmente acudir al ginecólogo?
—Cuando un día sin darme cuenta me rocé y dije: «¡Huy!, aquí tengo un bulto».
—O sea, por casualidad.
—Totalmente. Entonces me miré y dije: «Efectivamente, aquí hay un bulto».
—Menudo momento.
—Pensé: «Esto hay que consultarlo ». Entonces fui al médico y me mandó unas pruebas.

«UNA PALABRA QUE NI ME ASUSTO NI ME ASUSTA»
—Los médicos, a simple vista, suelen intuir lo que sucede.
—Sí. Me dijo que no estaba demasiado claro. Luego, ya los resultados dieron positivo. Me dijeron que era un cáncer.
—Así, sin rodeos.
—Sí, pero es una palabra que ni me asustó en ese momento ni me asusta ahora.
—Porque tú hablas de ello normalmente.
—Así es. Además, es algo que está muy localizado. Por suerte, no hay invasión ninguna.

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