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Estrella de los Goya
—En los Goya has sido la estrella de la noche, aunque no te hayan concedido ninguna estatuilla. El comentario general fue que se te ha pegado ya el «glamour» de Hollywood. Porque el cine es también «glamour».
—No todo es o blanco o negro, en plan disyuntiva drástica. Los Goya es la celebración, la gran fiesta de nuestro cine, de esta profesión a la que nos dedicamos. Y qué duda cabe que, en una ocasión así, el «glamour » es el envoltorio de caramelo del cine o, más exactamente, de la fiesta de nuestro cine.

—Además, se te ha visto más relajada, más sonriente y comunicativa o, si quieres, menos esquiva...
—Tal vez tuve una época en que me volví más tímida o, si se quiere, más precavida. Creo que todo se debió al cambio que experimentó mi vida al marcharme a América: o a no entender muy bien ese cambio. O al miedo a no saber cómo enfrentarme a él. Pero, hoy por hoy, estoy relajada, tranquila, me encuentro bien en mi piel, bien conmigo misma, buena amiga de mí misma. Y todo eso se nota.

—Volviendo a la fama y a sus posibles inconvenientes. Tu llegada a Hollywood ha levantado mayor interés hacia ti y se te ha seguido a todas partes, convirtiéndote en objetivo principal de la prensa del corazón.
—Cierto. Pero a veces se mete a todo el mundo en el mismo saco. De repente, ha llegado a nuestro país una ola de mal gusto (especialmente en ciertos programas de televisión), pero a mí me parece muy mal que se generalice y se juzgue a todos por el mismo rasero. Hablando concretamente de la prensa llamada del corazón, creo que siempre van a existir estas revistas. Las hay que hacen este tipo de periodismo respetando a la gente y las hay que lo hacen sin respetar. Y creo que está muy bien que la gente lo sepa y sepa distinguirlas.

Un papel soñado...
—Dicen que todas las actrices tienen un papel soñado que, en algunos casos, coincide con el siguiente que van hacer. ¿Cuál es el tuyo?
—Mi sueño concreto es trabajar con Pedro, por la amistad que nos une y por el respeto que siento hacia él como artista y por las experiencias personales que viví a su lado y que fueron (buenas y satisfactorias. Pedro me sigue pareciendo genial. Y siempre será mi prioridad y el número uno. Con Pedro, yo a muerte. En cuanto a un papel femenino soñado, tengo uno: hacer «Las criadas», de Jean Genet, en teatro, dando vida a cualquiera de las dos hermanas. Y espero poder hacer realidad este deseo algún día —no sé cuándo— en un teatro de España, lo que, por otra parte, sería mi debut como actriz de teatro.

—En realidad, tú ahora vives en Los Angeles.
—Sí, vivo en Los Angeles, porque también trabajo allí. Pero mis raíces están en Madrid, y la casa de mi corazón es la de España. Cierto que en Los Angeles tengo también una casa, tengo amigos, no me siento tan sola como al principio y llevo una vida bastante normal. Allí tengo también a mi perro, un perro que me encontré en una calle de México y al que habían maltratado y torturado (cuando lo encontré sangraba por el cuello). Resultó que me empezó a seguir..., con lo cual decidió que yo iba a ser su dueña: no tuve elección y me quedé con él. La verdad es que me hace mucha compañía.

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