Penélope Cruz convocó a sus amigos para recaudar fondos a favor de los huérfanos del "tsunami"

El lado más bello de la fama
—Está claro que tú tiras de tu fama, te aprovechas de ella para lograr este tipo de cosas.
—Ante todo quiero decir que por hacer esto no tengo ningún mérito: simplemente estoy utilizando el hecho de conocer a estos amigos a los que he convocado. En segundo lugar, creo que el lado más bello de la fama es la posibilidad que a través de ella tienes de poder ayudar a los demás.

—Algo bueno tenía que tener la fama como compensación al peaje que a veces hay que pagar por ella, y que, concretamente en tu caso, en alguna ocasión has tenido que pagar, ¿no?
—Sí. Pero la verdad es que cuando comparo los inconvenientes de la fama con la posibilidad de poder organizar, por ejemplo, lo que hoy estamos organizando, concluyo: «Bendita sea la fama, si sirve para esto». Compensa totalmente. Realmente, lo único bueno que tiene el hecho de ser famosa es la posibilidad de ayudar a los demás.

—Parece que el resplandor de Hollywood no te ha impedido, al menos hasta el momento, ver el clamor de las necesidades y los problemas que azotan a gran parte del mundo y que, en consecuencia, sigues con los pies en la tierra.

—Yo jamás puedo ni voy a olvidar que nací en una familia humilde. Todo lo que he tenido procedía del trabajo de mis padres, y no nos han regalado nunca nada, como tampoco me lo han regalado a mí en mi profesión. Entonces, esa realidad te hace más sensible. Sobre todo si te encuentras en una posición privilegiada, como la que reconozco que tengo.

—Naciste abajo y has ido subiendo. Hace poco, Sean Connery nos contaba que en la vida no había hecho más que subir escalones porque había nacido en lo más bajo, sin cariño, y era prácticamente un infeliz niño de la calle.
—Yo en la calle no nací ni viví: tuve la suerte de nacer en una familia que, aunque era humilde, era una familia feliz. Y afortunadamente tuve todo el cariño de mis padres. Y hoy pienso que todo eso les falta a estos niños a los que queremos ayudar a través de UNICEF: el «tsunami» les ha dejado sin nada. Y eso lleva, a veces, a la desesperación. Y cuando alguien se desespera tiende a perder los papeles, y de perdidos, al río.

—¿Intentar ayudar a los demás te ayuda a dormir tranquila?
—Si yo no compartiera lo que tengo, no sería feliz. Si en la vida he conseguido una situación privilegiada que me permite poder colaborar y no colaboro, todo lo que tengo no me serviría de nada. Debo agradecerles a mis padres el que de niña me hayan enseñado, por un lado, a valorar lo que tengo, y, por otro, a compartir.

—¿Y qué queda en ti de aquella niña de Alcobendas, que correteaba por la calle y estaba aprendiendo a bailar?
—Pues queda mucho. Al menos —y es lo más importante— queda todo lo esencial. Quedan también los buenos recuerdos, la excelente relación que mantengo con mi familia.

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