Keanu Reeves: 'En Hollywood he visto ángeles, demonios, tigres, tiburones... de todo'

De negro, como es habitual en él -y en los últimos personajes que ha interpretado- Keanu Reeves acudió al preestreno de su nueva película, Constantine en los cines Kinéopolis de Madrid. Allí le esperaban cientos de seguidores ávidos del autógrafo de su ídolo. Y él no les defraudó. Llegó y estuvo más de cincuenta minutos, primero fuera y luego ya dentro del complejo de ocio firmando fotos y repartiendo besos de un lado a otro con la mejor de sus sonrisas. Keanu, que hace unos días recibió ya su propia estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, deja atrás al famoso Neo de la trilogía de Matrix para meterse en el papel de John Constantine, una especie de exorcista fumador empedernido y atormentado que ha estado en el infierno y vive en la línea entre el bien y el mal. A la mañana siguiente, el actor, acompañado por el director del filme, Francis Lawrence se reunió con los periodistas en una multitudinaria rueda de prensa en la que con su particular sentido del humor arrancó las carcajadas de los presentes en más de una ocasión. "Soy supersticioso, pero no un supersticioso clásico. Cuando estoy dentro de un teatro ando con cuidado, trato de no volcar la sal y no hago lo que no se debe hacer", señaló y admitió no tener convicciones religiosas de ningún tipo y haberse sentido atraído por este extraño personaje por "su sentido del humor, su lado cínico y ácido, el ser un hombre atrapado, su furia y su rabia".

A sus 41 años, muy bien llevados por cierto ya que conserva el rostro de eterno adolescente, el protagonista de "El pequeño Buda" vivió trágicos momentos cuando perdió recién nacido al hijo que esperaba con su novia Jennifer Seyme, y cómo esta moría poco después en un trágico accidente automovilístico. Esto se sumó a la pérdida años antes de su gran amigo River Phoenix por una sobredosis, pero estas circunstancias no le impiden afirmar que la fama "cae más bien del lado del paraíso que del infierno. La fama -dice- sale de un trabajo bien hecho y vale la pena disfrutarla. No es algo infernal". Reeves, un actor de carrera irregular, que ha pasado el éxito al fracaso y viceversa en varias ocasiones, confiesa que en Hollywood ha visto "ángeles, demonios, tigres, tiburones, leones...y de todo, también gente de mucho talento. He tenido mucha suerte y estoy agradecido por haber pasado por todo esto". Reconoce que le gusta interpretar personajes fuera de lo común: Son mucho más interesantes los personajes raros y espero que a ustedes también se lo parezcan". Ahora le apetece hacer comedia romántica, como ha hecho últimamente con el filme "Thumbsucker", y tampoco descarta trabajar en películas de bajo presupuesto. Lo que no le interesa es dirigir ni producir. "No pienso como un director y ser actor ya me da la oportunidad de trabajar con grandes productores y cineastas, yo me limito a actuar".

En Constantine encarna a un tipo con cáncer de pulmón que fuma un cigarrillo tras otro y que, finalmente, cuando se redime, opta por el chicle. Keanu se confiesa "fumador con ánimo de dejar ese mal hábito", pero niega que el filme contenga un mensaje claro en contra del tabaco, sino que forma parte del viaje de su personaje. "Ese aspecto autodestructivo y su lucha consigo mismo entre lo mejor y lo peor forma parte del diálogo de la vida".

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