Arrasó. Se lo llevó todo sin dar opción a sus rivales. Cumpliendo todas las previsiones, Alejandro Amenábar hizo historia en la XIX edición de los premios Goya al convertir a su película "Mar Adentro" en la más premiada del cine español. Tan sólo le faltó uno, el de mejor dirección artística que se llevó Gil Parrondo, para lograr el pleno al quince. Amenábar acertó una quiniela de catorce, y ese fue el número de veces que el título del filme sobre la historia del tetrapléjico gallego Ramón Sampedro se escuchó en el escenario del Palacio Municipal de Congresos de Madrid, superando los trece premios que consiguió "Ay, Carmela", de Carlos Saura, en 1990.

Suyos fueron cinco de los llamados goyas técnicos y todos los estelares, sin excepciones. De hecho, el propio Amenábar, que tenía ya cuatro premios de anteriores películas "repartidos en mi casa y en la de mis padres", tuvo que subir tres veces a recoger galardones -mejor guión, música original y mejor dirección- Todo un récord para un director de tan sólo treinta y dos años, y cuatro películas. Una trayectoria que se podría ver culminada el próximo 29 de febrero si consigue el Oscar a la mejor película de habla no inglesa (también opta al mejor maquillaje).

El cine español celebró su gran fiesta en una ceremonia más rápida y concisa que en otras ocasiones (duró una hora menos que en la polémica edición de 2003) en la que hubo destacadas ausencias, las de Pedro Almodóvar y José Luis Garci, por ejemplo, pocas sorpresas y sí muchos nervios y emoción. Presidida por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que estuvo acompañado por su esposa, Sonsoles Espinosa, la XIX edición de los Goya quiso reivindicar con más fuerza que nunca el cine español justo cuando el sector no pasa por su mejor momento al haber perdido este año más de tres millones de espectadores. Como maestros de ceremonias ejercieron un original trío de presentadores, Antonio Resines, Maribel Verdú y la soprano Montserrat Caballé, que hizo su aparición al son del brindis de la Traviata y levantó la voz, como luego hicieron muchos de los galardonados a lo largo de la noche, en contra de la piratería -"ver tu trabajo por las esquinas no es agradable, ni ético, ni galante"- dijo la cantante, que disfrutó de su labor como presentadora sin que faltase alguna que otra demostración de su arte.

La mágica noche del cuatro
Cuatro eran, como decíamos, los premios Goya que Alejandro Amenábar tenía antes de la noche del pasado domingo y que tras su triunfo ha convertido en siete, y cuatro son los que Javier Bardem tiene ya con éste último logrado por su interpretación de Ramón Sampedro. El actor, que hace tan sólo dos años subió al mismo escenario a recoger el mismo galardón por "Los lunes al sol", agradeció al público y a la Academia el haber premiado una "película tan difícil".

" A mi madre por el amor y el respeto que me ha inculcado por esta profesión, a mis hermanos, que aún me dejan jugar con ellos como cuando éramos pequeños, a todos mis compañeros, a la familia de Ramón Sampedro, a Ramona Maneiro por sus recuerdos, a Alejandro Amenábar y Mateo Gil por haber escrito esta maravillosa historia, y a Ramón Sampedro por darme mucho más de lo que yo podré devolverle en toda mi vida", afirmó en su discurso.

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