Paz Vega y Orson Salazar, posan juntos por primera vez

¿Es Orson tu mayor apoyo?
—Yo y mi familia somos una fue un palo para todos, ¡una tragedia! Ya sabes eso que pensaban de «¿pero qué te hemos hecho? ¿No estás bien con nosotros?». Ahora me río, pero, claro, en esos momentos se nos hizo un mundo. Para mí era una gran aventura. Quería ser actriz y sabía que tenía que irme a Madrid, y por eso lo hice. Ahora es la época de mi vida que recuerdo con más cariño: no conocía a nadie cuando llegué, tuve que buscarme la vida... Fue, la verdad, muy divertido. Conocí mucha gente estupenda. Todos andábamos en la búsqueda de un futuro mejor, persiguiendo nuestros sueños.

Habla su marido
Tu mujer se ha convertido en un «sex symbol». No sé si a todos los hombres les gustaría que a su mujer le ocurriera algo así...
—Claro que me gusta, y el hombre que dijera que no, mentiría —dice con una sonrisa un poco traviesa.
¿No eres un hombre celoso?
—No. Me gusta que admiren a mi mujer, me encanta. Lo que sí me molesta es que no vean más allá de esa imagen, que se centren en verla sólo como un «sex symbol » y que se pierdan todo lo demás, la gran mujer, la gran actriz que hay detrás de esa cara y ese cuerpo tan bonitos.
¿Quén es Paz para ti?
—La mujer que amo, la persona que me ha hecho crecer y que más me ha hecho madurar. Yo siempre quise formar una familia, pero cuando conocí a Paz, ella me centró. Algo hizo clic y supe que era la mujer de mi vida.
—Nos rescatamos el uno al otro —interrumpe Paz—. Los dos nos encontramos en un momento de nuestras vidas en el que teníamos mucha necesidad de crecer. Después de que naciera el amor entre nosotros, yo he encontrado en él mi mejor consejero y él encontró en mí dónde desarrollar sus inquietudes.
—Paz —continúa Orson— me ha dado mucha estabilidad, la seguridad de un hogar, una familia; me ha enseñado muchos valores, me ha enseñado mucho de la vida.
¿Y no te molesta estar en un segundo plano?
—En nuestra vida personal no lo estoy, y en la profesional, es lógico, ella es la celebridad. Yo me encargo de velar por ella: ver por sus ojos, cuidarla. Somos cómplices y trabajamos en equipo. Yo quiero lo mejor para ella, doy la cara por ella y trato de aconsejarla frente a las dudas para entre los dos decidir qué es lo más correcto.
—Es que —vuelve a interrumpirnos Paz— Orson tiene mucho sentido de la lógica, y por eso le dejo la última palabra en mis decisiones.
—Yo analizo mucho las cosas —continúa Orson—, y eso le ayuda. Ya sabes, siempre es buena «una segunda opinión»...

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