Las fotografías exclusivas de la boda de Carlo Ponti y Andrea Meszaros

Habla Sofía, hablan los novios
Tras la ceremonia, conversamos con Sofía Loren, una Sofía que hoy, más que una estrella, es una madre emocionada.

—Hoy la mujer más bella del mundo no es la protagonista.
—Ni la más bella. En una boda, la más bella es siempre la novia. Por otra parte, los protagonistas son los novios. Y todo eso supone para mí una gran alegría. En primer lugar, porque es el primer hijo que se me casa, y eso hace que te inunden, de pronto, los recuerdos de cuando nació, de las dificultades que tuve que superar para poder quedarme embarazada, de la primera vez que fue al colegio, de los primeros amigos, de la adolescencia, de sus estudios para convertirse en director de orquesta... ¡Son tantas y tantas las cosas que hoy se me vienen a la memoria y me conmueven...!

—¿Te gustaría ser abuela pronto?
—Siempre es demasiado tarde, en el sentido de que yo hace ya mucho tiempo que quería tener nietos. Así que cuando vengan seré la abuela más feliz del mundo, porque los nietos, al menos según dice mi hermana, son algo maravilloso.

—Pero a partir de ahora habrá una silla vacía en tu mesa.
—No. Nunca hay ni habrá una silla vacía, porque mis hijos siempre están presentes, aunque no lo estén físicamente. Además, ahora voy a tener una hija: Andrea, la esposa de Carlo. No pierdo un hijo, gano una hija.

—¿Cómo es tu nuera?
—Muy guapa, muy dulce, muy discreta, muy atenta... y muy puntual, nunca se retrasa. Estoy encantada con ella desde el primer día que la conocí, y han pasado ya más de cinco años.

—¿Y cómo es Carlo, tu hijo?
—Es un chico muy amable, muy educado, muy discreto, con un gran sentido del humor. Creo que será un buen marido. Pienso que los dos tendrán un matrimonio muy hermoso y que durará para siempre. Creo que será su único matrimonio, y así se lo deseo fervientemente.

—¿Quién le inculcó a Carlo la idea de la música?
—Nació con él. Siempre le ha gustado. Pienso que es algo que le viene de mi madre, que era concertista y profesora de piano. Poco antes de salir hacia la Academia de las Ciencias, un precioso edificio del siglo XIX situado a orillas del Danubio, muy cerca del puente de las Cadenas, en uno de cuyos salones se celebró el banquete nupcial, conversamos con Carlo y Andrea, ya convertidos en marido y mujer.
—Me siento realmente muy feliz —nos dice Carlo—. Estoy encantado con todo lo que me está pasando hoy y con todo lo que me ha sucedido desde que conocí a Andrea.

—¿Recuerdas el día y el lugar donde viste por primera vez a tu esposa?
—Fue el treinta de enero de mil novecientos noventa y nueve en la Escuela de Música de Viena. Me pareció tan bella que no puede evitar acercarme y saludarla. Fue, por mi parte, un auténtico flechazo.

—¿Cómo es Andrea?
—Bella, inteligente, simpática,... Tiene todo lo mejor que puede buscar un hombre en una mujer.

—Y muy buen oído, porque es violinista. Para ti, director de orquesta, sería un problema casarse con una mujer que tuviera mal oído o a la que no le gustará la música, ¿no?
—Desde luego. Tiene que estar en mi misma onda. Por eso digo que el nuestro va a ser un matrimonio muy armonioso, muy romántico.

—Dinos algo sobre tu madre, Carlo. ¿Cómo es Sofía Loren?
—Una madre fantástica, una mujer muy accesible y una persona que tiene un gran corazón.

—Andrea, ¿cómo es tu suegra?
—Sofía es un ángel para mí. Como actriz me parece fabulosa. Pero es mucho más fantástica aún como madre.

—¿Hay tradición musical en tu familia?
—Mi padre, que falleció el pasado mes de mayo, era pianista de jazz. Después estudió la carrera de Arquitectura.

—¿Dónde viviréis?
—En principio, en California, adonde nos iremos dentro de unos días, dado que no tendremos viaje de novios... porque ya lo hemos hecho el pasado agosto. Vamos a California directamente a trabajar. Pero alternaremos nuestra estancia en América con temporadas en Ginebra.

Banquete nupcial
El menú nupcial, confeccionado por un grupo de cocineros llegados expresamente de Italia, estuvo compuesto por carne cruda batida al cuchillo con trufa blanca de Alba, saquitos de pasta con queso Seirass y pimientos en salsa ‘bagna cauda’, raviolis del ‘plin’ con trufa blanca de Alba, risotto al queso Rocaverano y al romero, filete de ‘fasone’ (un tipo de vaca especial del Piamonte) con salsa de Barolo; tartaleta de maíz con ‘straccionello’ de espinacas, ‘aspick’ de moscatel de Ati con fruta de temporada, y tarta nupcial. Todo ello regado con selectos vinos italianos, entre los que destacaba el Barolo.
A mitad de la cena, los novios abrieron el baile, amenizado por la orquesta, que tenía como solista a la cantante húngara Brigitta Erdöhegyi. Después actuaron, en un improvisado ‘karaoke’, María, la hermana de Sofía Loren, que cantó a dúo con su sobrino Eduardo La chica de Ipanema, y Sabrina Ferilli.

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