Sofía Loren, deslumbrante al cumplir setenta años

Sí, empezamos a vivir antes de tiempo y eso nos dio la posibilidad de entender la vida ya a los quince años. Lo sabíamos todo de la vida porque ésta nos marcó de forma imborrable.

En el concurso de ‘Miss Roma’...
Siendo muy jovencita, se presenta al concurso de belleza ‘Reina del Mar’, después al de ‘Reina del Adriático’ y, más tarde, al de ‘Miss Roma’, en el que ganó el titulo de ‘Miss Elegancia’ y en cuyo jurado estaba el productor cinematográfico Carlo Ponti.
Cierto. Ahí estaba el que después sería mi marido. -¿Y fue ahí donde empezó todo entre ustedes?
Ah, no: ahí no empezó todo. Yo tenía quince años y ahí no empezó nada. Simplemente nos conocimos, él al principio me ayudó mucho....pero yo empecé a trabajar sola, siempre con mi madre naturalmente al lado. Fui conociendo a muchas personas. Tanto es así que mis primeras películas las hice con otros productores, no con mi marido. La primera que hice con Carlo fue L’Oro di Napoli, a mis dieciocho años y cuando ya había tomado parte en más de veinte filmes.

-Un día usted descubre que aquel hombre que tanto la ayudaba podía ser, o se estaba convirtiendo de alguna manera, en el hombre de su vida como así ha sido. ¿Tardó en darse cuenta de ello? ¿Lo pensó mucho antes de iniciar la relación sentimental?
No hay duda de que, apenas le conocí, Carlo me inspiró enseguida mucha confianza. Nuestra amistad empezó a hacerse más fuerte y empezó a convertirse de alguna manera en admiración, en cariño, en amor, aunque yo intentaba no pensar mucho en él porque estaba casado, tenía dos hijos...En una palabra: había complicaciones que yo intentaba, de alguna manera, evitar.

palabra: había complicaciones que yo intentaba, de alguna manera, evitar.

-Había también una obvia diferencia de edad.¿Fue bueno eso en aquel momento?
Yo nunca me paré a pensar en la diferencia de edad que entre ambos había. Por el contrario, quería un hombre más maduro que yo. Quizás porque en el fondo buscaba...un padre. No lo sé. Pongamos un punto de interrogación. No lo sabré nunca, no sé.

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