Marlon Brando: Un actor de éxito cuya vida estuvo marcada por la tragedia

Marlon Brando, joven surgido de la América profunda, estaba dotado de un gran talento. Quiso ser gran maestro de ceremonias de un paraíso familiar bajo los cocoteros y arrastró a su familia en un sueño tropical. Y el hombre que, tras tantos intensos papeles en el cine, ya no quería interpretar en su vida más que el de un patriarca satisfecho, conoció en su propia casa el estrépito de un crimen, vio a su hijo encarcelado y no pudo impedir el suicidio de la hija a la que adoraba.

"Desciendo de una larga línea de irlandeses alcohólicos", confesaba Marlon Brando en 1991, ante el Tribunal de Los Ángeles donde hablaba a favor de su hijo Christian, acusado de la muerte del compañero sentimental de su hermana Cheyenne. Las lágrimas se deslizaban por las mejillas del gran actor. Para los periodistas y los numerosos oyentes presentes era una revelación. Para algunos amigos de la estrella, no había hecho más que rozar el tema.

En efecto, Marlon había manifestado toda su vida los síntomas de su herencia, entre otros, sentimientos de inseguridad y miedo al compromiso afectivo. Hasta entonces había evitado hablar de sus padres, que también habían tenido una infancia infeliz. Marlon padre había sido educado por dos tías solteras en Wichita, Kansas, tras el abandono de su madre del domicilio familiar y el naufragio de su padre en la depresión. Para compensar su sentimiento de inferioridad, se había forjado una armadura de rectitud militar, de conveniencia burguesa y de autoridad sin fallo.

Su madre trabajó con Henry Fonda
Dorothy, Dodie, Pennebaker, la madre del actor, había sido una adolescente bastante brillante, y sus comienzos como actriz habían sido bien recibidos por los periódicos de Omaha (Nebraska), considerándola "dotada y llena de entusiasmo". Pero ella también había sufrido: habiendo perdido a su padre a la edad de dos años, criada por su abuela, había sido enviada a un internado. En 1918 se casó con Marlon padre y el nacimiento de sus dos hijas, Jocelyn y Frances y luego de un niño, Marlon, cada uno con dos años de intervalo, no le había impedido continuar presentándose en el teatro de Omaha, donde había guiado los primeros pasos de Henry Fonda en la profesión mientras participaba en acciones dirigidas por organizaciones progresistas como la Liga de las Electoras.

Marlon padre puso término a estas actividades al hacer mudar bruscamente a la familia a Libertyville, una pequeña comunidad rural cerca de Chicago, donde Dodie se encontró aislada a la vez del teatro y de sus amigos. A los ocho años, a Marlon, igual que a sus hermanas, le dejaban solo con las llaves de casa. "Funcionan con reservas de mantequilla de cacahuete", comentaban los vecinos. En efecto, no sólo Dodie rara vez se encontraba allí para la cena, sino que los niños tenían que ir a menudo a buscarla o esperar una llamada de la Policía. El joven Marlon vio incluso, en dos ocasiones al menos, cómo se llevaban a su madre inconsciente en ambulancia a consecuencia de una tentativa de suicidio. "Mis recuerdos de chiquillo-decía Marlon- so de cuando la detuvieron. Yo volvía del colegio...Se había ido, a la cárcel o a otro sitio’.

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