Gwyneth Paltrow fotografiada en su finca de Talavera de la Reina

Regreso a Talavera de la Reina, un lugar que ya nunca se iría de su corazón desde que, siendo una adolescente, Gwyneth Paltrow viajara hasta allí en un intercambio cultural para pasar doce meses con una familia, los Lázaro, que por aquel entonces desconocían que aquella chica, de quince años, estaba llamada a convertirse con el paso del tiempo en una de las más grandes actrices de Hollywood. Gwyneth, quien el pasado 14 de mayo dio a luz a su primera hija, Apple, se quedó prendada e impregnada de los colores del campo toledano; del olor a jara y encina. Regresó siempre que pudo, la mayoría de las veces en el anonimato, con el único propósito de visitar a su familia española y pasear por la finca que se compró en estos parajes, donde ahora ha sido fotografiada. Gwyneth siente especial cariño por España y sus costumbres, como tocar la guitarra, siempre con la sonrisa en los labios. Con el sol sobre sus cabellos de oro.

La actriz se refería a su experiencia en España durante su nombramiento como «hija adoptiva» de Talavera de la Reina, en abril de 2003. —Mi relación con Talavera es muy especial. Tenía quince años cuando hacía mi intercambio cultural y venía a Talavera. Desde entonces mi vida cambió un montón. Desde que viví en este lugar, en España, creo que soy una persona con una perspectiva más amplia y puedo comprender mejor al mundo. Pienso que este sitio es uno de los más especiales del planeta. Hace escasas semanas, en un excepcional reportaje publicado en estas mismas páginas junto a Rosario Nadal y Claudia Schiffer, Gwyneth revelaba en la recta final de su embarazo: —Desearía que el hijo que voy a tener viviera gran parte de su niñez en España.

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