Trio de damas con estilo, 'glamour' y buen gusto

Los resplandores que fijan el gran momento, tengo la sensación de que éste es un largo instante, hermoso, irrenunciable, que tendré que contar en mis Memorias, para uno que ha dibujado tantas estrellas en la palma de su mano. Posan, pasan, obedecen. Cambian de vestido por tres veces. No rechistan; Isabel y Blanca van y vienen. Miran, hablan entre sí las tres grandes, lo hacen en inglés, aunque dos hablan español correctamente y una a medias. Dos son madres y una va a serlo ya, ya siente correr a su hijo por dentro. Se han apagado los teléfonos móviles. En los baños, las bandejas con el almuerzo y un puñado de aceitunas negras, mediterráneas, muy nuestras, las primeras en caer.

Vestidas en gasa, transparencias, sería interminable la lista de los modistos, de los genios, que aquí vinieron en el furgón custodiado. Va cayendo la tarde fuera. Llueve mansamente, como llueve en Londres en primavera, a veces una centelleante sirena azul sobre el «green ».Bajo los estores en lino. Hay más luz dentro que fuera. A las seis en punto en todos los relojes, la constelación se dispersa. Unos besos en la mano, en las mejillas. Han quedado en verse, Dios sabe dónde, Dios sabe cuándo. Tal vez, cuando vuelvan a besarse en el reencuentro, la actriz ya será madre y se habrá decidido por la próxima película. Aún le digo a Rosario:
—¿Has recibido la invitación a la boda del príncipe Felipe y doña Letizia?
Ella sabe que ya puede decirlo. El protocolo es el protocolo. Su suegro es un Rey. —Sí,¡claro que sí!
La Paltrow, de la que en su día se dijo que estaba cerca del heredero de la Corona española, ya saben, sonríe como si aleteara en el aire una libélula sobre las jaras y las perdices del campo de Talavera, que con ella habría sido más Reina que nunca. Cada una por su sitio, en la soledad los mitos, se esfuman. Mientras vuelvo al aeropuerto, pienso —el camino es largo, carísimo — que ha sido hermoso el día, que ha merecido la pena. Todo. El esfuerzo, la idea, el encuentro. Y anoto en el viejo cuaderno moleskine de viaje, atado por una goma de seguridad: 'Historia de un retrato de planetas en el día de la constelación. Esto, más que una exclusiva, se trata de un sueño hecho realidad, a causa, y también por culpa, del corazón'.

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