Un camaleón llamado Russell Crowe

Russell Crowe, que en enero cumplirá el papel más importante de su vida -ser padre-, sigue siendo considerado en Hollywood uno de los monstruos consagrados de la interpretación. Y es que el actor neozelandés (australiano de adopción) tiene la propiedad de la versatilidad. Por eso, en abril del 2004, si todo se cumple según lo previsto, le podremos ver en la gran pantalla convertido en un peculiar boxeador en el Nueva York de la Depresión. Cinderella Man es el nombre del filme, dirigido por Ron Howard, que contará con la presencia de Russell Crowe y de Renée Zellweger. Un guión atractivo y unos actores de primera auguran un nuevo éxito de taquilla.

El actor de las mil caras
A Russell Crowe no hay papel que le atemorice, ni carácter que le parezca inasequible. Él apuesta por todo. Lo hace con una fuerza y una personalidad que se transmite más allá de la pantalla. Al oscarizado actor no le importa someterse a estrictos regímenes para ponerse en la piel del personaje a interpretar. Y así, en apenas unos años le hemos visto convertido en polémico miembro de las fuerzas de seguridad en L.A Confidential; en osado general romano gracias a Gladiator; en complejo matemático en Una mente maravillosa; en soldado (y, todo hay que decirlo, enamorado de Meg Ryan) con Prueba de vida y en marinero medio corsario (por los avatares de la historia) gracias al filme dirigido por Peter Weir, Master and Commander.

El sueño de estrella del rock
De todos estos papeles, quizá el que viva con más intensidad (porque no lo considera ficción sino pura necesidad vital) es el de músico de rock. Russell Crowe se transforma cuando sale a los escenarios con su banda Thirty Odd Foot of Grunts. Literalmente se desmelena y vive una nueva aventura: la de ser libre micrófono en mano. Y sin cámaras... a veces.

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