Brooke Shields nos presenta a su hija, Rowan, de tres meses

Brooke Shields está de pie junto al garaje de su casa en Hollywood, regañando a su «bulldog», «Darla», que está muy excitada, mientras se apresura a tranquilizar a sus visitantes diciendo que el perro no muerde. «Ladra, pero al mismo tiempo mueve la cola», nos dice la actriz, sonriendo, mientras nos enseña el camino hasta la cocina, sorteando un cochecito todavía sin estrenar y todo tipo de parafernalia para bebés. Tardamos un minuto en darnos cuenta de que la escultural Brooke lleva colgado un arnés para bebés, en el que vemos acurrucada a su hija, Rowan, de tres meses.

«Me he acostumbrado a hacer varias cosas a la vez», bromea, mientras cierra la puerta del frigorífico con el pie, sirve las bebidas y se agacha hábilmente para acariciar a «Darla», que ya está más tranquila. «Tengo que llevar a Rowan en el arnés porque, si no, no podría hacer nada».

Parece que la maternidad sienta muy bien a Brooke, la actriz, de treinta y ocho años, protagonista de la popular serie de televisión «De repente, Susan », que lleva dos años casada con el guionista y productor neoyorquino Chris Henchy, de treinta y nueve años, el hombre al que califica de «sólido como una roca».

Cuando se acomoda en el gran sofá de color crema del salón, desde el que se divisa una vista espectacular de los montes de Santa Mónica, parece tranquila y contenta, y está más guapa que nunca. Su famoso rostro, con esas gruesas y peculiares cejas y esos ojos verdes agrisados abiertos como platos, está sin maquillar, y las pocas arrugas que lo surcan son signos más de carácter que de la edad. Lleva un colgante de plata con el nombre de su hija y una camiseta negra en la que proclama: «Acabo de tener un bebé».

La idea de ser madre...
Brooke se queja de que todavía tiene que perder algunos kilos antes de retomar su carrera como modelo y actriz con una película que empezará a rodar en octubre, pero su bronceado vientre está plano gracias a la ayuda del yoga y a sus 1,82 metros de altura, que le permiten llevar esos kilos de más sin esfuerzo.

«Hay una gran diferencia entre querer tener un bebé y querer ser madre —reflexiona—. Cuando se es más joven, se quiere tener un bebé, pero la idea de ser madre es muy distinta e implica mucho más».

Lo que está más claro que el agua es que Brooke, a la que el público sigue recordando como niña prodigio e ídolo de adolescentes, que empezó su carrera como modelo a los once meses con los anuncios de jabón Ivory, bajo la estricta y protectora dirección de su madre, se ha hecho irrefutablemente mayor, y la prueba de ello está plácidamente dormida en su regazo, emitiendo suaves ronquidos de vez en cuando.

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