Matthew McConaughey

Sufrió el acoso y derribo de los más curiosos y amarillos reporteros de Hollywood, cuando la policía de Texas le sorprendió en un motel, tocando los bongos desnudo con visibles muestras de haber consumido alcohol y, aunque nunca llegó a demostrarse, drogas. Todo su trabajo anterior y todas las posibilidades de futuro parecieron esfumarse ante una crítica que le tomó como blanco de todas sus columnas de opinión. Pero él, ante la adversidad, se hizo fuerte y siguió protagonizando filmes que dejaban interesantes beneficios en taquilla.

Su carrera comenzó con la ayuda de su compañero de Universidad, Richard Linklater, quien le propuso ser uno de los protagonistas del largometraje, con tintes adolescentes, Dazed and Confused. En ese momento, año 1993, su carrera parecía ascendente e imparable. Un año más tarde, filmó un mano a mano del terror más gore con Renee Zellweger en una nueva versión de La matanza de Texas. Después vinieron grandes nombres y grandes posibilidades: Lone Star, Tiempo de matar o Amistad con el director fetiche Steven Spielberg.

En los últimos años ha optado por la comedia amable y romántica como Planes de boda junto a Jennifer López o Cómo perder a un chico en 10 días con Kate Hudson. A pesar de estos papeles algo más frívolos, Matthew McConaughey sigue alimentando un sueño: el de convertirse en director de estrellas. Ya ha hecho sus pinitos en dos cortos: Chicano Chariots y The rebels.

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