Primeras declaraciones de Pepe Sancho tras leer el libro de su mujer, María Jiménez

by hola.com - ¿Cuántas veces ha podido decir, en estos años, todo cambiará?
Muchísimas, pero no sólo yo. Los dos. Por eso nos fuimos a París juntos hace dos meses pensando que era posible. Que todo podía cambiar. Lo triste ahora es que no sólo no ha cambiado sino que hemos llegado a donde no teníamos que llegar. María ha entrado a saco en nuestra intimidad para sacar al aire nuestra vida, y, ¿qué debo hacer yo ahora en justa compensación? Reducir a cenizas nuestros tantos años de unión.

"Tengo una pena tremenda"
"Mi matrimonio ha sido un fracaso, pero no estoy dispuesto a aceptar que sólo ha sido mi culpa. Tengo que acusar a María. Me había perdonado públicamente, pero no era verdad. Ella tenía que haber dicho desde el principio: ‘no le perdono’, pero ha jugado durante estos meses a que sí hasta que, sin contar conmigo, ha roto toda posibilidad de reconciliación. De esa reconciliación de la que hablamos, al menos como personas - vivimos separados, pero no estamos peleados- y que ya no es posible. Me siento igual que si un coche viniera a por mí arrollándome, después de haberle hecho un feo. Tengo una pena tremenda, pero no quiero ya ningún vínculo con ella... O, ¿es que yo no he sufrido? Sí, yo también he sufrido, y mucho. Mi vida matrimonial no ha sido tampoco un camino fácil, aunque yo me considere mucho más culpable que ella del fracaso de nuestro matrimonio. Pero eso no significa que María, como sucede en el libro, se vaya de rositas.

- Entonces, y como dice su esposa en el libro, tampoco es cierto que usted sea un hombre muy a la antigua, "de los que quiere ver a la mujer en casa y con la pata quebrada"
No. Eso no sólo no es cierto, sino que es de un cinismo infinito.

- ¿Ni tampoco que le pedía constantemente que la sacara de casa?
María no necesita pedir a nadie que la saque de casa. Cuando quiere o necesita salir (aunque ya se le ha olvidado conducir) sale y punto. Pero igual que cuando no quiere entrar. No entra y ya está, independientemente de la importancia de lo que yo tuviera que hacer al día siguiente. En su último cumpleaños, por ejemplo, cuando estábamos en plena reconciliación, yo estrenaba Enrique IV en el teatro al día siguiente (4 de febrero) y me fui, claro, a eso de las tres de la madrugada. María, sin embargo, siguió hasta el amanecer. A ella no le importó que fuera el estreno y que yo tuviera que descansar. Ahora, en el libro esto no se cuenta. Ella prefiere decir que yo le pedí que viniera al estreno para atraer a la prensa. Algo descabellado. La prensa ya tenía lo que quería: fotos de los dos en el día de su cumpleaños.

- ¿Qué es lo que no se puede perdonar: que le hayan pillado en la casa con otra mujer, o la infidelidad en sí misma?
Públicamente se me perdonó y, públicamente, también, se ha visto que no había tal perdón. Tanto ella como yo nos hemos cansado de decir que la infidelidad -hablábamos que una infidelidad "leve"- posiblemente fuera perdonable, aunque eso no significaba que viviéramos en libertinaje. Por eso, cuando sucedió, yo le dije: "a mí no me interesa la otra persona; a mí sólo me interesas tú. Yo te quiero a ti… ¿Lo podemos arreglar?". "Difícil lo tienes", me dijo, "pero vamos a intentarlo". La infidelidad tiene el grado de importancia que le quiera poner la persona que se siente engañada. No sé cómo hubiera reaccionado en el caso contrario. A lo mejor, como María pero, siempre en privado y sin sacar a la luz nuestros trapos sucios.

María y el centro del mundo
-También le reprocha que, en la presentación de su disco Donde más duele, usted no apareciera en esa fiesta.
¿Pero cómo voy a estar si ni me invitó? Además, le envié un ramo de rosas rojas con una tarjeta en la que le decía que la quería y la llamé para desearle buena suerte. Y si no aparecí fue porque, estando separados, su trabajo se hubiera quedado en segundo término. Ella era la protagonista y no nuestra relación. Además, en ese momento, María estaba encantada de que yo no apareciera. Podía ser el eje, el centro del mundo, que es lo que a ella le gusta ser.

- ¿Su ruptura confirma el tópico de que dos artistas no pueden vivir en la misma casa porque uno de ellos siempre terminará sepultado por el bien del otro?
Sí, una vez más sucede. Durante años, hemos intentado no verlo, pero no verlo no significa que no exista. El desarrollo de dos carreras profesionales cuando no es paralelo, implica que uno de los dos tiene que aceptar el segundo término. Y el segundo puesto se lleva muy mal. Yo lo acepté cuando nos casamos y María era enormemente famosa. Hice de chófer, de acompañante, de lo que hizo falta. Después, con el tiempo, sucedió al revés, aunque María ha podido vivir al mismo ritmo de siempre. No ha tenido ni una sola necesidad pero, por lo que cuenta, le ha sido muy difícil entender y soportar mis horarios de trabajo. Y eso, inevitablemente, acaba en ruptura. Nosotros hemos aguantado mucho porque había como una especie de adicción, una atracción que hacía imposible que nos separáramos. Prueba de ello es que, después de todo lo que ha pasado, estábamos ahí, intentándolo otra vez. En el fondo, siempre he pensado que con el tiempo había una posibilidad de que cambiaríamos. Que acabaríamos nuestra vida juntos. Y ahora esto. No lo entiendo. ¿Por qué, entonces, hace tan sólo unos meses, me llevó a su finca -la que se ha comprado con los 90.000 euros que le he dado- para contarme las reformas que haríamos? Eso sí, una vez más no preguntó: "¿qué te parece si hacemos esto?". María se ha pasado la vida, menos en mi trabajo, diciendo lo que había y lo que no había que hacer. "Las cosas son así porque yo digo que son así", dice siempre.

"Esto se ha roto definitivamente
- Pero esto a usted, ¿le resultaba cómodo o le hacía sufrir?
Al principio no me importaba pero, con el tiempo, estas pequeñas-grandes cosas pueden llevar a una pareja a hacer aguas. Yo recuerdo que ella me decía: "si tu crees que yo voy a ser como Asunción Balaguer vas listo". Y lo decía porque, la magnífica Asunción -su marido se murió en sus brazos- había perdonado muchas veces a Paco. O sea, que ya tenía claro que, en ningún caso, me iba a perdonar mis deslices. Y no me los ha perdonado. Y ahora no sólo no acabaremos juntos nuestros días, sino que tendremos que evitar encontrarnos. Me aterra la idea de encontrarme con María y tener que mirar para otro lado después de 22 años. Pero no queda más remedio. Con este libro en la calle, y aunque no se debe decir nunca jamás, ya no podremos volver a cruzarnos una palabra. Además, si nos encontramos en un lugar público y nos saludamos será puro cinismo. Esto se ha roto definitivamente.

- ¿Qué siente usted en estos momentos?
Una gran pena por no haber hecho más. Pero debo reprocharle que diga y decida que yo no la he amado intensamente. Yo quiero a mi mujer; es la persona, junto con mi hijo, que más quiero en el mundo, pero no creo que ella me haya querido como dice. La María Jiménez que sale en los periódicos y en la televisión no es tan distinta de la que se pasea por casa.

Más sobre: