Rebecca Romijn-Stamos, la nueva 'sex-symbol' de Hollywood

by hola.com Así lo contaba recientemente: «Me aburría... a morir, un montón. Después de años viajando, después de conocer miles y miles de habitaciones de hotel y de interminables sesiones fotográficas, llegas a cansarte de todo eso. De acuerdo que tienes un magnífico nivel de vida, pero eso no me llenaba. Sinceramente, dejé la profesión de modelo porque me aburría. Y es que, por otra parte, no es "glamour " todo lo que reluce. Además, creo que en el fondo siempre he considerado la profesión de modelo como un modo fácil de ganar mucho dinero. La verdad es que siempre vi mi trabajo como un trampolín para entrar en el mundo del cine, de la interpretación».

Ciertamente, Rebecca no mira con muy buenos ojos el mundo de las modelos. Sin embargo, niega que en ese ambiente lo normal sea trasnochar y llevar una vida muchas veces desaconsejable:«La de modelo es una vida dura y te puedes quemar en muy poco tiempo. Pero no es obligatorio ir de fiesta cada noche, ni tomar sustancias que evidentemente te pueden atrapar. Yo era una chica que, siendo modelo, me acostaba a las nueve o las diez para estar descansada al día siguiente que tenía trabajo. El peligro de una modelo es explotar su belleza hasta el punto de quedarse vacía por dentro y superficial. Porque, además, la belleza se acaba un día y, entonces, ¿qué vas a hacer? Sólo te va a quedar el dinero, pero no serás feliz».

Rebecca Romijn-Stamos afirma, por otra parte, que de niña, cuando estaba en el colegio, ni era guapa ni, por supuesto, lo pensaba: «Crecí siendo flacucha y alta... y siempre me sentí un poco torpe. Creo que en el Instituto nunca destaqué por mi físico...al menos hasta que un día un chico se acercó a mí y me dijo que yo era, con diferencia, la chica más guapa de mi clase. Y la verdad que, cuando me lo dijo, faltó poco para caerme muerta. Jamás me habían dicho una cosa así ». Quien casi se cae muerto cuando la vio fue...el actor John Stamos («Hospital general») en un desfile de Victoria ’s Secret, en 1994. John se quedó, al parecer, prendado de ella y poco después la invitaba a pasar una tarde en Disneyland.

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