Ángela Molina espera su quinto hijo a los cuarenta y siete años de edad

Cuatro meses de diferencia con su hermana Mónica
— Desde luego, Angela, la familia Molina parecéis estar destinados a poblar el mundo.
— La maternidad es un sentimiento muy vivo en las mujeres Molina. Procrear es innato al amor.

— Fíjate, tu hermana Mónica está también embarazada de siete meses.
— Sí, cuatro de diferencia.

— Seguro que entre hermanas os habéis intercambiado consejos.
— Los consejos se dan y se toman sin querer, porque ya tienes experiencia.

— Angela, experiencia en tu caso, pero no en el de Mónica.
— Claro. Y sí, hemos hablado y Mónica me ha preguntado cosas. Si hace unos meses nos hubieran dicho que íbamos a vivir juntas el sueño de la maternidad, nunca nos lo hubiéramos creído.

— Tu familia también se habrá llevado una sorpresa.
— Por supuesto. Mi madre, que se llevó una sorpresa increíble, lloró cuando se lo dijimos. Ella siempre me decía: "Hija, tendrías que tener el último niño". Y esa disposición de ella me inspiraba muchísimo.

— Estará ahora más pendiente de ti.
— Sí. Me llama mucho más por teléfono. Precisamente hace un rato acabo de hablar con ella.

"El recuerdo está en uno mismo"
— También habrá en este nuevo hijo algún recuerdo para tu padre.
— Mi padre vive conmigo, no me hace falta recordarle.

— Se te ilumina la cara cuando hablas de él, Angela.
— No sé cómo decirte. Mi padre y yo nos parecemos mucho y, viviendo, yo le vivo a él. He llegado a establecer una relación con él que me llena y me guía. Al principio de su muerte le necesitaba físicamente, hasta que llegué a entender que el recuerdo está en uno mismo.

— Cuando Angela Molina ama, ¿lo hace de verdad, sin dobleces?
— Totalmente.

— No hay medias tintas.
— No.
— ¿Pero en todo?
— Cuando me involucro en algo lo hago de verdad.

— ¿Hay términos medios en tu vida?
— ¿A qué te refieres?

— A que si la radicalidad forma parte de ti.
— Radical no soy. Para nada. Pienso que siempre hay que intentar acercarse a la comprensión. Todo lleva un porqué y eso implica conocimiento de las cosas. Es mejor así. Ahora bien, luego, como soy como soy y conozco todas mis virtudes y mis defectos, la pasión me puede hacer decir algo que más tarde me lleve a recapacitar sobre ello.

— Mira que si a este hijo le siguiera otro.
— Podría ser. ¿Por qué no? Mi doctor me comentaba que tenía pacientes de cincuenta y de cincuenta y dos años que llegaban a su consulta embarazadas y que luego tenían a sus hijos normalmente.

— Digo, Angela, que a lo mejor el niño tiene que nacer por cesárea para evitar riesgos.
— ¿Cesárea? ¡Yo todavía tengo fuerza para parir un hijo. Yo siempre he tenido a mis hijos de una manera natural y, como te decía, me siento con fuerza.

"Eso ya no"
— No se te habrá pasado por la cabeza tenerlo en casa, como a Olivia.
— Eso ya no. Mi madre nos tuvo a todos en su casa y Olivia nació en casa. Pero después de que el bebé de una amiga mía, que también estaba dando a luz en su casa, tuviera problemas, decidí que mis otros hijos nacerían en una clínica, rodeados por cuantos aparatos hicieran falta por si pudiera pasar alguna cosa.

— El médico te habrá recomendado ciertas cosas.
— Los primeros meses me decía que guardara bastante reposo y que no hiciera grandes esfuerzos ni cogiera peso. Lo normal en estos casos.
— Lo dices con un tono como si no le hubieras hecho mucho caso, vamos.
— Bueno, lo estoy intentando porque, como te decía, soy muy activa. Y en cuanto al trabajo, en mis anteriores embarazos estuve trabajando hasta el cuarto mes.
— ¿Niño o niña, Pou?
— En casa hay tres varones y una niña. Olivia va a cumplir veintidós; Mateo tiene veinte; Samuel, diecisiete, y Antonio, siete. Por eso, nos gustaría que ahora fuese una niña.
— Salvo tú, no hay ninguna Angela en la familia.
— Sí ,Olivia se llama Olivia Angela. Cuando yo estaba embarazada de Antonio, le dije a mi suegra, que todavía vivía y se llamaba María, que si era niño se iba a llamar Antonio, y María, si era niña. Recuerdo todavía la cara de felicidad de mi suegra al escuchar mis palabras. Por eso, si es niña, vamos a llamarla María.

— ¿Le dices cosas a tu hijo?
— Más que hablarle, le siento.

— ¿Emocional o espiritualmente?
— Soy consciente de que a través de mí se está creando una nueva vida. Creo que todas las madres tenemos una relación muy espiritual con los hijos que vamos a traer al mundo.

"Muy rubia o muy morena"
— Pero quizá imagines la cara de esa niña, en el caso de que finalmente fuera así.
— Me la imagino de muchas maneras, o muy rubia, o muy morena.

— Desde la atalaya de tus cuarenta y siete años, la maternidad se verá de otra forma.
— No sé. No sé. Todo siempre es nuevo.

— ¿Te refieres a que cada embarazo es distinto?
— Sí.

— ¿Y tu forma de pensar?
— Cada hijo te sigue dando sus huellas y su don. Por eso cada uno es diferente. Te diré que es como si mis hijos formaran ya parte de este nuevo evento o milagro.

— Pou, tú y Angela ya lleváis juntos muchos años.
— Nos enamoramos en el noventa, pero nos conocemos desde finales de los setenta. Vivimos juntos desde el noventa y tres y nos casamos en el noventa y cinco. Y hasta hoy.

— Pou,vivir al lado de una mujer tan fascinante como Angela te habrá aportado muchas cosas.
— Muchas.

— Destaca algo de ella.
— Todo. Angela me ha enseñado muchísimo y hemos recorrido el camino juntos.

— Angela, destaca tú alguna cualidad de Pou.
— Su nobleza, bondad, intuición, su templanza y su inteligencia.

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