Ángela Molina espera su quinto hijo a los cuarenta y siete años de edad

Ángela Molina está embarazada de su quinto hijo a los cuarenta y siete años. El bebé es "gloria bendita" ,"una bendición", para esta mujer fascinante fuera y dentro de las cámaras. Mujer vital y de raza. Su melena de siempre. Sus ojos de siempre. Su voz de siempre. Al mirarle a los labios, su sonrisa parece recordar al gran Antonio Molina.

Pasan los años, sí, pero Angela los acurruca en el cesto de la experiencia para pactar con ellos y no perder esa belleza, para nada convencional, que irradia. Junto a Angela, Pou, su marido, un hombre también feliz y dichoso ante su nueva paternidad. Es el pie a tierra de la alguna vez volátil Angela, el ancla en el duro mar de fondo de la vida cotidiana.

Todo le interesa
A Angela le interesa todo y abre sus enormes y expresivos ojos. Hablamos, entre otras cosas, de los colores de su vida, de los tonos de su ánimo. De los horóscopos. Y también de vida, cómo no.

Las sandalias de Angela permiten ver una serie de pequeños tatuajes en su pie que ella se inventó y que mandó dibujar en su piel: "Me los hice en Roma cuando tenía veinte años y representan a la luna, dos pájaros y el mar. Con el tiempo me dijeron que se trataba de un jeroglífico que significaba vida".

— Vida como la que tú, veintisiete años después, vuelves a tener en tu interior, Angela.
— Es un hijo deseado y soñado. Pou y yo siempre teníamos la ilusión de volver a ser padres, pero como no venía, mi edad, la información que teníamos en el sentido de que a los cuarenta y siete años los ovarios ya son más infantiles, más pequeños, pues ya nos habíamos hecho a la idea de que no tenía que ser.

— Se ha demostrado que sí tenía que ser.
— Pero te diré que, sin embargo, siempre había esa posibilidad en el ambiente, porque nunca iba a perder la esperanza mientras pudiera ser posible. Y apareció de repente.

— Vamos a recordar el momento en que lees "positivo".
— Yo estaba haciendo teatro y ya estaba embarazada sin saberlo. Todavía no me había dado tiempo a tener esa "falta" que te advierte. Entonces, cuando llegué a Ibiza, me hice la prueba y dio positiva. De todas formas, cada mes presentía que podía estar embarazada. Era una mezcla de ilusión, esperanza y también de aceptación en el sentido de ser consciente de tener ya cuatro hijos.

— Que viven con vosotros...
— Siempre lo han hecho. Desde el primer día saben que van a tener un nuevo hermano. Ellos son carne de mi carne y han recibido la noticia como la pueda haber recibido yo.

Mi madre me tuvo a tu edad
— Decías antes, Angela, que esta nueva maternidad es un regalo de Dios.
— Rotundamente. Me siento tan humilde que no sé cómo agradecer a Dios esto que me ha sucedido, porque tener un hijo es lo más grande que te puede pasar. Gloria bendita. Me acuerdo que este verano, durante las representaciones teatrales a las que antes te hacía referencia, la cantaora Montse Cortés me decía siempre: "Pues mi madre me tuvo a mí a tu edad, a los cuarenta y siete años".

— El tema de la maternidad siempre giraba en tu entorno.
— Siempre. Como una atracción. Me acuerdo que estábamos cenando la última noche antes de finalizar el teatro, estando yo embarazada sin saberlo todavía, y le dije a esa mujer: "¡Ay, Montse, pues a lo mejor estoy yo embarazada!".

— Haces constantes referencias a Dios, Angela.
— Soy una mujer de fuertes convicciones religiosas.

— Pero quizá un poco a tu manera.
— A mi manera, sí. Mi relación con Dios está más allá de mi memoria. Dios es como mi respiración. Pienso que respirar fue el primer aliento que Dios dio al hombre. Dios está en cualquier orden de nuestra vida. Eso es lo mágico.

— Eres consciente del riesgo que entraña un embarazo a tu edad …
— Lo soy. Tengo que hacerme una serie de pruebas y controles que se exigen a mi edad, pero, por otra parte, tengo mucha fe y me siento bien, como siempre que he tenido a mis otros hijos.
— Quizá haya momentos de angustia al principio.
— La angustia es la cara seria de la esperanza, pero la vida que tienes dentro te da tranquilidad.

"Era una luz"
— Pou, dice el refrán que la esperanza es lo último que se pierde.
— Yo siempre tuve la esperanza de que Angela se pudiera quedar nuevamente embarazada, pero había perdido un poco no la ilusión, sino … Realmente fue una sorpresa cuando Angela me dijo que estábamos esperando un hijo, porque, la verdad, no me lo esperaba.

— ¿Cómo reaccionaste?
— Yo te lo voy a decir —interviene Angela rápidamente —. Lo primero que hizo fue dar gracias a Dios. — Luego también —añade Pou — tenemos la suerte de tener un médico fabuloso que nos dijo que hoy en día no tiene nada que ver tener un hijo a la edad de Angela con hace veinte años. Ya hemos visto en la ecografía cómo late el corazón de nuestro hijo. Pero desde el primer día.
—Era una luz —comenta Angela.

— Angela, la conciencia de ser madre será ahora mayor que cuando tuviste a Olivia, tu hija mayor.
— Sí, ahora es más grande porque el tiempo para educarle es más corto. Pero, al mismo tiempo, me parece que todo está bien como es.

— Piensas entonces que la vida es sabia …
— Sí. Y hay que tenerla respeto, pero no miedo.

"Mi ego se funde más con los demás"
— Notarás ya cambios en ti, no solamente físicos.
— Sí. Me siento como que mi ego se funde más con los demás. Ahora todo está en función de esa criatura que llevo dentro.

— Un toque de humildad.
— Te vuelves más sencilla, casi más infantil. Vives en la pureza. A lo mejor todo tiene que ver con ese temor de que no todo vaya bien. También estoy mucho más tranquila porque soy una persona hiperactiva.

— No lo parece, Angela. — Tengo templanza, pero mi naturaleza es, por decirlo de alguna forma, rápida. Por ejemplo, Pou es mucho más pausado.

— Pou, ¿notas tú también ese cambio en Angela?
— Bueno, es un cambio natural. Durante los primeros meses lo pasó mal.
— Siempre tengo al principio los típicos mareos y vómitos —explica Angela.
— Y claro, como estamos en esa fase todavía —continúa Pou — y como, además, hay una revolución en su organismo, pues, quieras o no, eso se nota.
— Son mil hormonas nuevas diarias —especifica la actriz.
— Estamos viviendo todo nuevo —dice Pou —, ya que el nacimiento de Antonio era mucho más esperado porque, como te decía, yo no me esperaba esta nueva maternidad de Angela.

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