Nacida para ser una estrella

Julia Fiona Roberts nació el 28 de octubre de 1997 en Smyrna, una pequeña ciudad al noroeste de Atlanta, en Georgia. Su padre, Walter, era vendedor y su madre, Betty, trabajaba por aquel entonces como secretaria en una iglesia. El matrimonio, que se divorció en 1971 -la madre volvió a casarse y tuvo otra hija, Nancy-, ya tenía dos hijos, Eric (1956) y Lisa (1965). La precariedad económica de la familia no impidió que Julia aprendiese a amar la interpretación de mano de su progenitores, grandes aficionados al teatro.

A la conquista de Nueva York
Tomar la decisión de ser actriz no fue demasiado complicado para ella. Fue la tercera en casa en decir aquello de mamá quiero ser artista, por lo que recibió todo el apoyo y las facilidades para lanzarse al mundo y encontrarse a sí misma. Le apasionaba la veterinaria, lo intentó con el periodismo en la Universidad de Atlanta y, finalmente se dejó llevar por su vocación, trasladándose a Nueva York para seguir los pasos de su hermana Lisa.

'Mamá, quiero volver a casa'
Su hermano Eric, que ya se había hecho un pequeño hueco en Hollywood -poco sospechaba él que la pequeña de la familia le haría sombra tan pronto- se encargó de mover los primeros hilos, pero parecía que la belleza de Julia no encajaba con los estereotipos de la meca del cine. Si en esos primeros tiempos la protagonista de La boda de mi mejor amigo no desistió de su empeño, fue gracias a sus padres: "He cambiado de opinión, quiero volver a casa. Echo de menos mi hogar, soy tremendamente infeliz. Estoy trabajando en algo que realmente no me gusta y soy incapaz de relacionarme con la gente del mundo del cine". La que más tarde se convertiría en la novia de América recibió un ‘no’ por respuesta. Lo agradecería años más tarde.

De los primeros pasos al Oscar
El reconocimiento del público le llegó con Magnolias de Acero -auque ya había trabajado en varias películas- y la consagración con Pretty Woman. "La señorita Roberts provoca un enorme impacto en la pantalla. Esta interpretación hará de ella una excelente actriz", publicó el diario New York Times. Después llegarían, entre otras, Durmiendo con su enemigo, El informe pelícano, Me gustan los líos, Todo el mundo dice I love you, La boda de mi mejor amigo o Notting Hill. Novia a la fuga supuso el esperado rencuentro en la gran pantalla de la pareja más romántica del celuloide diez años después de haber deleitado al público en Pretty Woman.

Pero, sin duda, su gran personaje se lo regaló el director Steven Soderbergh ofreciéndole el papel principal en Erin Brockovich, el filme que le dio, entre otros, el esperado Especial Oscar, el Globo de Oro, el premio BAFTA de la Academia británica y el galardón del Sindicato de actores.

Bellísima y resplandeciente, la actriz paseó su empaque de estrella todopoderosa con un elegante traje de Valentino del brazo de Benjamin Bratt -su particular príncipe azul en aquel momento- directa al escenario del Shrine Auditorium de Los Ángeles.

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