Realeza y personalidades

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María Luisa de Parma -nieta de Felipe V e Isabel de Farnesio- tuvo, a lo largo de su matrimonio con Carlos IV, 24 embarazos de los cuales nacieron 14 hijos y sólo le sobrevivieron cinco. Según los textos históricos, alguno de ellos podría ser hijo de su amante Godoy

María Luisa de Parma preside junto a su marido este hermoso cuadro, La familia de Carlos IV, de Francisco de Goya. En la imagen, la Reina luce un traje imperio que deja al descubierto sus torneados brazos, parte de su cuerpo de la que se sentía especialmente orgullosa

En la imagen, María Luisa de Parma (izquierda) y la duquesa de Alba (derecha). Al parecer, el pueblo español acusó a la reina María Luisa de Parma de haber envenenado a su gran rival, la Duquesa de Alba, por culpa de los celos que le provocaba su relación con Goya

MARÍA LUISA DE PARMA LLEGÓ A TENER 24 EMBARAZOS

La esposa de Carlos IV, tratada por la historia como adúltera, se quedó sin dientes debido a sus numerosas gestaciones

1 AGOSTO 2001
La nieta de Felipe V e Isabel de Farnesio se casó con Carlos IV en septiembre de 1765 cuando éste sólo era Príncipe de Asturias y tuvo a lo largo de su matrimonio –muere en 1819- 24 embarazos de los cuales nacieron catorce hijos. La reina llevaba el peso del Estado junto a Godoy al que nombraron Príncipe de la Paz y tuvo a su marido relegado, siempre, a un segundo plano. Era una mujer de gran poder a la que difícilmente se le podía llevar la contraria. No en vano, a la sabandija - un mote más entre decenas- la acusó el pueblo de haber envenenado a su gran rival, la duquesa de Alba, por culpa de los celos que le provocaba su relación con Goya.
Malquerida y fea, caen sobre la memoria de esta reina el peso de cientos de rumores que el tiempo ha convertido ya en historia: Que si había confesado a su sacerdote que ninguno de sus hijos era de su marido, que no se lavaba por miedo a contraer enfermedades porque el agua dilataba, según su criterio, los poros de la piel... Cierto es, sin embargo, que gracias a esta apasionada mujer, se construyó la Casita del Labrador en Aranjuez. Una pequeña residencia que se usaba como lugar de descanso después de los paseos por los inmensos jardines y, también, como sala de fiestas y bailes cortesanos. Y, también, que engañó a Napoleón y a su esposa Josefina con su dentadura postiza.

La dentadura postiza de la Reina
La reina María Luisa impresionó a Napoleón y a Josefina con su maravillosa dentadura durante una cena celebrada en el castillo de Marrac, Bayona, en la primavera de 1808. María Luisa y Carlos IV, que habían sido obligados a abdicar días antes, tras el motín de Aranjuez y el inseparable Godoy, acudieron a una cita con el, entonces, dueño de Europa en busca de protección y refugio. Josefina, de impresionante belleza, recibió a los invitados y quedó maravillada por la boca tan sana y tan perfecta de la ya vieja reina. Dientes de los que no sospechó, por un momento, que eran postizos hasta que, ante los magníficos manjares, la reina española se desprendió del artefacto para comer.

Opio para los dolores
En aquel gesto repugnante vio, sin embargo, Josefina, el fin de su gran drama. Pues, además del problema estético que tanto la afeaba, lo peor era el sufrimiento que le provocaban los continuos dolores de boca. Para afrontar lo primero hacía tiempo que había aprendido a hablar con los labios casi cerrados... -Juan Antonio Vallejo Nájera, dice de la emperatriz en, Yo, el Rey: “Los pocos dientes que se vislumbraban entre sus labios perfectos están negros y carcomidos. Son una especie de embajadores que traen cartas credenciales de la muerte”-; para lo segundo, sin embargo, sólo encontraba alivio en los granos de opio.
“Porcelana de Sèvres, comentó Napoleón, como la de vuestra dentadura, que supongo habréis comprado en París... No señor “esta dentadura me la ha hecho un español llamado Antonio Saelices de Medina de Rioseco. Siempre según Vallejo Nájera, la pobre Josefina se quedó, sin embargo, sin su soñada dentadura española porque, sin aviso, la caballería del general Lasalle saqueó Medina y masacró a la población indefensa.

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