Verónica Blume

Camaleónica y versátil, expresiva y sugerente, responsable y puntual. Capaz de pasear sigilosa por la pasarela y de captar, a la primera, las indicaciones de cualquier fotógrafo, se ha ganado a pulso su fama de profesional. Es Verónica Blume, una de las 'top models' españolas más emblemáticas.

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17 Julio 1977
Alemania
Horóscopo : Cáncer

Hasta que ganó el concurso Supermodel of the World organizado por la revista Elle- en el año 1993, cuando tenía 16 años recién cumplidos, su trabajo como modelo se limitaba a un anuncio en televisión, algún que otro desfile sin importancia y varios trabajos publicitarios. Un año antes había sido descubierta por la agencia Traffic, cuyos organizadores le animaron para que se presentara al certamen.
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Al proclamarse vencedora, Verónica salió de su anonimato y de la noche a la mañana se vio en Nueva York, con tres millones de pesetas en joyas, un coche y un contrato con la agencia Ford por un valor superior a treinta millones. El sueño de cualquier chica de su edad hecho realidad. La etapa neoyorquina duró dos años y, aunque trabajó mucho y duro, su estancia en Manhattan le permitió entrar por la puerta grande al complejo mundo de la publicidad y de la moda. En ese periodo le picó también el gusanillo de la televisión y participó en la serie Out of the Blue, típica comedia de situación que se rodó en el Seaworld de Orlando y que nunca llegó a emitirse en España.

El regreso a España
Tras dos años, Verónica Blume dejó los Estado Unidos y se marchó a Londres. En aquella época, la joven, luchaba por conseguir un objetivo claro: llegar a ser una top model. Pero aparecieron los primeros fantasmas y una necesidad de cambio cada vez más apremiante, "Me daba miedo ser conocida. No era feliz. Por estar fuera de España sacrifiqué una parte de mi juventud, estar con mi familia y ver crecer a mi sobrina". De manera impulsiva, casi sin pensar, hizo las maletas, volvió a Barcelona y se compró una casa.

Desde sus inicios como modelo hasta ahora, Verónica Blume ha madurado, y mucho. Ya no es aquella adolescente que se marchó a la conquista de la Gran Manzana. Y casi nadie se acuerda de que, por aquel entonces, era una chica rubia, de 1,77 m, con una mirada casi angelical. Su estatura no ha cambiado, sus ojos mantienen el azul intenso de antaño, pero su pelo se tornó moreno y corto en uno de sus arrebatos, "quería ser más versátil, decir algo de mí que con el pelo rubio y largo no podía. Cuando decidí teñírmelo pensé en algo intermedio, pero luego me dije, "¡Vamos a por el cambio radical!". Y la transformación fue física y mental. Se volvió más estable, más madura y más centrada.

"Para mí la moda es un juego al que tienes que saber jugar". Verónica Blume entró en el mundo de la moda cuando aún era una adolescente pero, gracias a una fuerte personalidad, jamás se dejó deslumbrar por los focos de las pasarelas y mantuvo muy presentes los referentes que, aún hoy, le aportan tranquilidad y estabilidad: sus amigos, su familia y Barcelona, su ciudad. Cuando siente que se tambalea alguno de sus valores, sabe que es el momento de cambiar el rumbo. Y esa determinación, tan personal como poderosa, ha regido algunos de los momentos más importantes de su carrera.

Ha trabajado para [Chanel], [Calvin Klein], [Tommy Hilfiger] etcétera, y casi todos los diseñadores nacionales cuentan con ella en los desfiles. Ha protagonizado campañas de Revlon, Don Algodón y Guess Jeans, entre otras. Elle, Voque y Harper"s Bazaar le han dedicado varias de sus portadas y [Richard Avedon], [Mario Testino] y [Richar Mayer] son algunos de los fotógrafos que han sabido sacar mejor partido de su sonrisa. Sabe lo que hace y lo hace con pasión, por eso fue una de nuestras modelos más cotizadas a nivel internacional.

Verónica, que nació el 17 de julio de 1977, es hija de un alemán y de una uruguaya. Se ha criado entre varias culturas y por ello habla cinco idiomas, castellano, catalán, inglés, alemán y francés, los cuatro primeros a la perfección. Se define a sí misma como "una chica normal. Tímida, sensible, soñadora", a la que le gusta mirar hacia dentro, "porque es la única manera de arreglar lo de fuera". Por eso lee libros que le den qué pensar, que le transmitan algo más que una simple historia. Pintar cuadros es otra de sus pasiones, así como ir al cine, montar a caballo, esquiar y jugar al baloncesto. Es una chica deportista que combate los excesos de la comida (le encanta el pan con tomate) con unas horas en el gimnasio. No se prodiga en actos sociales, acude a pocas fiestas y tiene pocos amigos en el círculo de la moda; prefiere bailar en la intimidad de su casa y compartir un buen vino en una cena romántica.

Es la mezcla perfecta entre la mentalidad germánica y el carácter latino. Unas veces fría y distante, otras cálida y humana, intentar descubrir a Verónica es aventurarse hacia lo desconocido. Pero, una vez que se ha tomado la decisión de conocerla, nadie puede resistirse a sus encantos.
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