Ernesto de Hannover

La vida de Ernesto de Hannover no ha sido un camino de rosas. Al suicidio de su hermano en 1988, se unió su divorcio de Chantal Hochuli en 1997. En 1999, el Príncipe rehizo su vida junto a Carolina de Mónaco, un matrimonio del cual nació la princesa Alejandra de Hannover, que colmó de felicidad a sus padres. Sin embargo, los excesos del príncipe le acabaron pasando factura en abril de 2005, cuando una pancreatitis aguda estuvo a punto de costarle la vida. Unos excesos que le han hecho protagonizar algunos capítulos de su vida difíciles de olvidar.

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Horóscopo : Piscis

El príncipe Ernesto, jefe de la Casa Real de Hannover, es el mayor de los seis hijos que tuvieron Ernesto-Augusto IV, príncipe de Hannover y duque de Brunswick y Lüneburg, y su esposa, la princesa Ortrud de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg. Ernesto, esposo de Carolina de Mónaco desde 1999 y primo de la reina doña Sofía, dado que su padre era hermano de la reina Federica de Grecia, tal vez podría estar reinando hoy en Inglaterra, puesto que hasta 1837, los Reinos de Inglaterra y Hannover, aunque eran independientes, tenían el mismo soberano.

El príncipe Ernesto, nacido en Hannover el 26 de febrero de 1954, cursó los primeros estudios en Alemania, y a los quince años le fue retirado el permiso de conducir motos a causa de un accidente que ocasionó cuando formaba parte de un grupo de chicos "rockeros". Poco después era enviado a Inglaterra, donde ingresó en el prestigioso Box Hill Co-Educational School, en el condado de Surrey, donde tan sólo estuvo un trimestre, dado que de pronto surgió en él la vocación por la agricultura, lo que le llevaría a matricularse en el Royal Agricultural College de Cirencester, también en el Reino Unido, siguiendo después los estudios en Canadá.

En 1981, el padre de Ernesto, el príncipe Ernesto-Augusto IV, dio por abolida la ley de "matrimonios iguales" que regía en la Casa Real de Hannover por la que el heredero debía casarse con alguien de sangre real. Y lo hizo porque su primogénito varón se casaba con Chantal Hochuli, rica heredera de un multimillonario arquitecto suizo y que se convertiría con el tiempo en una de las damas más influyentes en la vida social de Mónaco. La boda se celebró primero civilmente (28 de agosto de 1981) en Pattensen (Alemania) y dos días después por el rito protestante en el castillo de Marienburg, que el príncipe Ernesto heredaría tras la muerte de su padre en 1987.

El matrimonio se instaló en la mansión de Hurlingham Lodge, ubicada en uno de los barrios más elegantes de Londres. Chantal y Ernesto tuvieron dos hijos: Erneste-Auguste, nacido en 1983 en Hildeshaim, cerca de Hannover, y del que sería uno de los padrinos de Bautismo el príncipe de Asturias, y Christian, que nació dos años después, también en la citada localidad. Todo hacía pensar que la de Ernesto y Chantal iba a ser una unión en la que la felicidad les desbordaría inagotablemente, sin embargo, allá por 1996, empezaron a surgir los rumores que relacionaban a Ernesto con Carolina de Mónaco, amiga de toda la vida del Príncipe. A Ernesto y Carolina se les había visto juntos en Extremo Oriente, en Nueva York, en Londres... hasta que en septiembre de 1997, Ernesto y Chantal se divorciaron.

En enero de 1999, el príncipe alemán contrajo matrimonio con la princesa Carolina, hija de los príncipes Raniero y Gracia de Mónaco. En julio de ese mismo año, nacía la primera hija del matrimonio, la princesa Alejandra, que se convirtió para su padre en la "niña de sus ojos". La pequeña colmó de felicidad y alegría la vida de los príncipes. Sin embargo, los excesos de Ernesto, que se bebe la vida a largos sorbos, le acabaron pasando factura el 5 de abril de 2005, cuando ingresó en el hospital aquejado de una pancreatitis aguda, que le llevó a permanecer en coma profundo durante unos horas tan solo un día antes de la muerte su suegro, el príncipe Raniero.

Tras superar el trance y después de unos meses de necesario reposo, Ernesto regresó a las andadas volviendo a llevar una vida algo descontrolada. Un descontrol que en 2009 acabó pasando factura a su matrimonio con la princesa Carolina, quien decidió poner tierra de por medio y abandonar el hogar conyugal de Fontainebleau, (a 50 kilómetros de París) para instalarse junto a su hija en común, la princesa Alejandra, en el Principado de Mónaco. ¿Crisis o ruptura? El tiempo lo dirá.

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