Al Pacino

Alfredo James Pacino nació en Harlem, de abuelos sicilianos, y con una adolescencia entre las calles del Bronx. No podía ser menos. La fama le llegó en 1972, cuando Francis Ford Coppola dio un voto de confianza a aquel actor desconocido y le ofreció un papel que le convertiría en inmortal. Michael Corleone se transformó, durante décadas, en el alter-ego de Al Pacino. Sólo su enorme capacidad interpretativa ha logrado que la ficción no le devore.

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25 Abril 1940
Nueva York, EEUU
Horóscopo : Tauro


Rose y Salvatore Pacino eran de origen muy humilde. Tenían un pequeño piso en Harlem en el que su hijo pudo dar sus primeros pasos. Pero cuando el niño apenas tenía dos años, Salvatore abandonó a Rose y ésta tuvo que pedir ayuda a sus padres. Alfredo James Pacino fue criado por su madre y un abuelo cien por cien siciliano afincado en Nueva York.

No disponían de muchas comodidades y las dificultades económicas fueron una constante en los primeros años de, como se le conoce en el mundo artístico, Al Pacino. Desde niño sus dotes como actor se hicieron evidentes. De hecho, él se entretenía en sus ratos de soledad imitando las voces de esos actores que veía en las películas, cuando lograba arañar unas monedas a su madre y acudía a las salas de cine. Un maestro escribió a su madre animándola a que el niño estudiara Arte Dramático. Y así lo hizo.

Sus primeros años fueron una mezcla de trabajo arduo y desaliento. Se apuntó en la Escuela Superior de Artes Interpretativas de Manhattan, pero pronto descubrió que el método que allí se aplicaba, el famoso Stanislavsky, coartaba sus habilidades innatas para la interpretación. Así es que siguió por el camino de los autodidactas sin un centavo en el bolsillo. Más de una vez hubo de ir a audiciones colándose en el autobús y con el estómago vacío. Tampoco tuvo ningún reparo en, mientras su sueño llegaba, trabajar como acomodador o tramoyista. El momento más delicado de su vida fue a los veintidós años cuando murieron, casi simultáneamente, su madre y su abuelo. Ambos, que tanto habían luchado por la vocación de Al Pacino, no pudieron ver cómo éste arrebataba, en 1972, uno de los papeles más jugosos de la historia del cine, Michael Corleone, a actores consagrados de la talla de Robert de Niro, Warren Beatty, Jack Nicholson o Robert Redford.

Francis Ford Coppola, director de la saga de El Padrino, se interesó por este actor casi desconocido que había realizado su primer trabajo cinematográfico en 1969, con Yo, Natalia, y que había ganado un Premio Tony por su interpretación en una obra teatral titulada Does the Tiger Wear a Necktie? Ponerse a las órdenes del gran Coppola fue una prueba de fuego que superó con nota.

Treinta años después de aquella incursión victoriosa por el celuloide, Al Pacino sigue siendo referencia inexcusable cuando se habla de los grandes del cine. Duro pero tierno (como su papel en Carlito's Way), definitivamente tierno (como en la adaptación cinematográfica del éxito teatral Frankie and Johnny), arrebatadoramente malo (el mismo Satanás en Pactar con el diablo), cómico esporádico en Dick Tracy, ciego (como el papel por el que se ganó el ansiado Oscar en Esencia de mujer) o visionario (el gánster en declive de Donnie Brasco), Al Pacino seduce en cada una de sus interpretaciones... y en su vida privada.

El actor, uno de esos solteros de oro de Hollywood pero siempre bien acompañado, tuvo una hija con la profesora de interpretación Jan Tarrant. Fue compañero de Diane Keaton, y en la actualidad comparte su vida con la madre de sus dos hijos gemelos, Anton y Olivia, la actriz Beverly D'Angelo.
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