Los secretos de... Los polvos traslucidos

Solos o acompañados, siempre son una buena opción para igualar y matificar la piel.

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Para quienes no quieran aplicarse base, los polvos son una opción rápida y efectiva. 
Incluso en los tiempos en que las mujeres que recurrían al artificio cosmético eran consideradas casquivanas, por no decir de moral disoluta, los polvos faciales ya se habían hecho su hueco en sociedad en forma de polvos de arroz, que le daban al rostro un aspecto mate y delicado. Como los años no pasan en balde, con el paso del tiempo y los avances de la tecnología, el arroz ha dado paso a materiales mucho más sofisticados que siguen persiguiendo el mismo objetivo (quitar brillos y mejorar el aspecto de la tez), pero con mejores resultados.

Los polvos traslúcidos son el mejor maquillaje para quienes, paradójicamente, no soporten el mismo, y, a la vez, el retoque perfecto para las más sofisticadas y perfeccionistas, ya que se pueden usar solos o sobre su base habitual para fijar el maquillaje.

Con una borla, aplique una cantidad generosa sobre frente, nariz y barbilla, y después, con la ayuda de una brocha, arrastre el exceso de polvos y reparta, reparta y reparta hasta dejar sólo un velo finísimo y transparente sobre la piel. Hágalo con gestos que vayan de la nariz hacia las sienes y, sobre todo, siempre hacia abajo, para ‘peinar' el vello facial. Evite la zona de los ojos para que los polvos no se asienten en las arruguitas.

¿Duda entre polvos sueltos y compactos? Adopte una solución salomónica y use los primeros en casa para obtener un resultado perfecto, y aproveche la comodidad de los compactos para llevarlos en el bolso y poder realizar retoques a lo largo del día.

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