¿Carlota Casiraghi busca en Barbizon el Saint Rémy de Carolina de Mónaco?

La princesa Carolina eligió la Provenza como lugar de residencia en sus momentos más difíciles

Geográficamente Barbizon, al norte de Francia, y Saint-Rémy-de-Provence, al sur del país, no pueden estar más distantes en el perímetro galo, pero en el contorno sentimental tal vez estén colindando para Carlota Casiraghi y Carolina de Mónaco como los refugios donde madre e hija se marcharon para superar penas del corazón (incomparables por supuesto). Para volver a empezar. Después de Mónaco, Londres, París, Los Ángeles y Roma, Carlota se ha mudado al pintoresco pueblecito francés de Barbizon, poniendo tierra de por medio con el que ha sido su último domicilio y el escenario donde ha vivido su historia de amor con Lamberto Sanfelice, en un regreso al pasado, a los felices años de la juventud, divino tesoro, y a la existencia que la princesa Carolina eligió para ella.

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Y es que Barbizon, comuna francesa del departamento de Sena y Marne, mítico lugar para la pintura pre-impresionista francesa y albergue de artistas que buscan inspiración en idílicos paisajes de la naturaleza, limita con el bosque de Fontainebleau, la ciudad donde la princesa Carolina se estableciera durante sus años con Ernesto de Hannover tras su retiro en La Provenza y donde Carlota Casiraghi estudiara sus últimos cursos de la secundaria y diera sus primeros pasos como jinete. Por sus calles la sobrina de Alberto de Mónaco ha sido fotografiada como una más de la zona, luciendo ropa deportiva, cargando bolsas con la compra diaria o llevando a su hijo, Raphaël, en brazos de camino al jardín de infancia donde le ha matriculado. Porque la vida sigue, aunque cueste un giro radical volver a encontrar la felicidad perdida en la nueva soledad.

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El destino arrebató el gran amor de su vida a la princesa Carolina. Tras la muerte de su marido, Stefano Casiraghi, guardó su sonrisa, tal vez su llanto, en Saint-Rémy, la pequeña ciudad en la Provenza, que por aquel entonces mereció el título del pequeño Mónaco. Dicen las crónicas de siglos ha que en 1643 el rey Luis XIII hizo donación de la jurisdicción real de Saint-Rémy-de-Provence a Honorato II Grimaldi, señor de Mónaco. Allí, en la raíz de su árbol genealógico, la Princesa dejó de ser princesa para ser la dama de Saint-Rémy y criar sola a sus hijos Andrea, Carlota y Pierre Casiraghi. Con la discreción que siempre la ha caracterizado, en aquellos días de silencio y huida, fue una lugareña más. Se la veía con frecuencia paseando en bicicleta por la calles de la pequeña localidad provenzal o yendo de compras en compañía de sus tres niños y así, recobrando día a día la alegría de vivir, recompuso su corazón roto en mil pedazos. Porque la vida continúa.

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