Crean el primer zapato biodegradable con la participación de la planta de Jorba

La instalación del Anoia ha cogido las pruebas piloto con el reciclaje de 60 pares de zapatos | El zapato se convierte en abono al cabo de tres meses

Jordi Cuadras


Un zapato que se convierte en abono. Este es el invento que desde este otoño ya se encuentra distribuido por todo Europa bajo el nombre Snipe 100 y que ha nacido en España de la mano del valenciano Ernesto Segarra que ha dirigido el proyecto para evitar, según explica, que los zapatos acaben en un vertedero o sean incinerados, “con lo perjudicial que esto es para el medio ambiente”. De esta forma, el zapato inventado permite que sea aprovechado y se transforme en abono en solo tres meses: “En vez de crear un daño ambiental, queremos enriquecer la tierra”, afirma Segarra.

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La planta de compostaje de Jorba (Anoia) ha acogido distintas pruebas del producto, ya que es una de las plantas de referencia en Europa y trata unas 30.000 toneladas de residuos orgánicos cada año. Segarra explica que en Jorba se han hecho distintos procesos del proyecto como “algunas partes de laboratorio y la prueba piloto del compostaje del zapato”.

El primer zapato biodegradable del mercado está fabricado con una piel que tiene una curtición especial, con Ti, capaz de biodegradarse, al igual que la suela de termoplástico. El resto del zapato está hecho con lana y algodón, lo que permite también su transformación en abono. Ernesto Segarra detalla que “la piel y la suela son las partes que se biodegradan más rápido y las más lentas son la lana y el algodón”.

El zapato tiene un precio de 149 euros y de momento se ha lanzado un único modelo, pero sus impulsores esperan poder sacar nuevos modelos masculinos y femeninos en los próximos meses. Segarra detalla que “desde el punto de vista del diseño y la comodidad es como un zapato cualquiera, la diferencia es que una vez acabado su uso, se puede reciclar”. A falta de conseguir un distintivo común europeo que sirva de referencia a todas las plantas de compostaje de la Unión, la empresa se encargará de hacer llegar los zapatos en las plantas de compostaje y dará todas las facilidades a los clientes porque, una vez se quieran deshacer de ellas, se las puedan enviar en el caso de que no tengan un compostador familiar.

La investigación ha durado dos años y ha sido coordinada desde Valencia, que es de donde proviene la piel. El proceso de elaboración del zapato se hace en Portugal. Los trabajos se han hecho en la Universidad de Vigo, en la de Navarra y en la planta de Jorba. Además, también forman parte del proyecto el ecologista Alfonso del Val y el doctor en biología Ramon Plana. Los responsables del proyecto no descartan implantar este modelo biodegradable en otros complementos de moda como cinturones, bolsos o maletas.

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