Las palomas, ¿símbolo de la paz?

Estas aves están causando enormes daños económicos a los monumentos, y en vez de disminuir sus poblaciones la de algunas especies aumentan

Madrid. (Efe)

Cuesta imaginar plazas como la de San Marcos de Venecia o la de España de Sevilla sin palomas, gorriones y estorninos, pero estas aves están causando enormes daños económicos y estéticos a los monumentos, y en vez de disminuir sus poblaciones la de algunas especies aumentan, según expertos consultados por Efe.

Las aves producen alteraciones estéticas y físicas por la suciedad que depositan (excrementos, plumas, cadáveres, nidos...), favorecen el desarrollo de bacterias y hongos, ingieren pequeños fragmentos de piedras, causan humedades y taponan desagües, entre otros muchos impactos.

Según el catedrático Ricardo Jiménez, la persona que más tiempo lleva trabajando en España sobre temas de plagas urbanas y salud pública (aves, roedores, arácnidos e insectos), una de las medidas más eficaces para atajar este problema "exponencial" es prohibir su alimentación. Pero pocas ciudades aplican ordenanzas municipales al respecto; entre las que sí: Madrid, Valencia y Barcelona.

Coincide en la apreciación anterior la conservadora científica del Instituto del Patrimonio Cultural de España, Irene Arroyo, que añade otros elementos de dificultad: aves como las cigüeñas, que están protegidas (sus pesados nidos causan estragos en las estructuras de las iglesias) y la falta concienciación social.

Incluso, recuerda, se han llegado a instalar contenedores de comida con anticonceptivos, pero la iniciativa fracasó porque los animales no acudían a ellos, pues tenían otras fuentes de alimentación más cercanas y de fácil acceso.

Los daños económicos, como es lógico, se elevan a millones de euros anuales, pero se desconoce su cuantía porque nadie centraliza las cifras y hay muchos actores implicados: ayuntamientos, Comunidades Autónomas e Iglesia, esta última, que a juicio de Ricardo Jiménez está haciendo un mayor esfuerzo que la administración pública dada la extensión de su patrimonio.

Pero como muestra un botón: solo en la ciudad de Madrid y únicamente en el control de la paloma bravía (común), el ayuntamiento de la capital se gasta cada año un mínimo de entre 30.000 y 40.000 euros, explica el jefe de la Unidad Técnica de Control de Vectores, José María Cámara, cuyo departamento elabora un censo periódico de palomas (actualmente más de 70.000).

En general, dice, por otro lado, la profesora del Departamento de Zoología de la Facultad de Biología de la Universidad Complutense, Ángeles Vázquez, que no puede hablarse de un aumento global de las aves sino que depende de cada especie y del lugar; sí parece claro que, por factores climáticos, en algunas zonas han aumentado poblaciones como las de los estorninos.

"En la ciudad de Valencia hubo una plaga enorme de estorninos y bajó la población al establecerse un control bien programado. Y en Madrid se ha controlado a la paloma doméstica y está en aumento la paloma torcaz", explica Vázquez.

Al respecto, el catedrático de control de plagas de la Universidad de Valencia, Ricardo Jiménez, recuerda que pudo acabarse con dicha plaga en 1987 (cinco millones de estorninos) gracias al uso de la pirotecnia, con la que se consiguió ahuyentarlos.

Todos los entrevistados coinciden en que cortar el problema de raíz tiene que ver con una mayor sensibilización e información, de modo que la adquisición de una bonita ave no acabe abandonada por sus molestos ruidos (por ejemplo, la cotorra argentina) y la alimentación en la calle no acabe por dar problemas de salud pública (las aves son portadoras de piojos, garrapatas...), y de destrucción del patrimonio.

En este sentido, José María Cámara aclara que el problema no es el "alimentador ocasional" -una familia que el domingo da de comer a los patos- sino los habituales, y que responden al perfil de una persona mayor de 65 años y que vive sola.

En cuanto a la protección de los numerosos edificios históricos de Madrid, Cámara explica que su departamento emplea una cartografía digitalizada que informa de la distribución de las aves y que, junto a los avisos de los ciudadanos, les permiten actuar en los focos más problemáticos. Y cada año se capturan 5.000 aves en 130 puntos.

Las palomas, recuerda el catedrático valenciano, sacan adelante entre dos y tres polladas al año, con al menos dos pollos cada una, lo que significa tener "una capacidad de reproducción increíble".

En líneas generales, explican los expertos consultados, las aves tienen una gran aceptación social -a diferencia de otras plagas como las de roedores e insectos-. En palabras de la bióloga Ángeles Vázquez, con el aumento de los contingentes de la paloma urbana esta ave ha pasado de tener una simbología religiosa, de la paz y de la armonía entre las gentes a considerarse una plaga.


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