¿Somos víctimas de la idea de 'amor' que aparece en los medios?

Analizamos este apasionante y a la vez controvertido concepto, origen de muchos conflictos internos, a través del prisma de la filosofía, la psicología y la espiritualidad

Josep Fita

<Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser>. Esta es la primera acepción sobre el concepto amor que aparece en la Real Academia Española de la Lengua. Una definición que puede contar con seguidores y detractores pero que, en cualquier caso, tiene un efecto relativamente aséptico sobre la sociedad por el, en teoría, reducido número de receptores al que puede llegar este mensaje. Si hablamos, sin embargo, de los medios de comunicación, y de la televisión en particular, ahí la cosa cambia. Sus discursos llegan a millones de personas. Es en este sentido cuando la pregunta '¿qué modelo de amor aparece en los medios?' adquiere una notable importancia. ¿Somos demasiado permeables al ideal o ideales que proponen? ¿Hasta qué punto nos afecta?

Hay quien defiende que en la televisión predominan dos discursos curiosamente antagónicos: la idea del amor ideal que se sustenta en el mito de la media naranja, y el planteamiento totalmente contrario que incita a no comprometerse, a vivir la vida al máximo sin establecer lazos con nadie.

“La imagen de la realidad amorosa que nos representan los medios de comunicación es siempre una imagen distorsionada, pero lo es la del amor y la de la vida en general”, explica a LaVanguardia.com Manuel Cruz, catedrático de Filosofía Contemporánea en la Universidad de Barcelona y autor de Amo luego existo. Los filósofos y el amor. “Vivimos en una época con una cantidad de patologías, no sólo en el ámbito de pareja, que tienen que ver con esa distorsión, con el hecho de que la representación y, por lo tanto, lo que uno espera en el amor, en la vida, en el trabajo, resulta que apenas tiene nada que ver con lo que constantemente se nos está diciendo qué es la vida, el amor o el trabajo”, añade.

“Si hablamos del amor de pareja, pienso que hay muchos mitos”, señala la psicóloga Cristina Llagostera. “Hablo del mito, por ejemplo, de que si el amor es el real es eterno. Esa idea de que tiene que ser para siempre”, agrega.

Más allá de que uno pueda identificar cierta distorsión en el mensaje de los mass media, ¿es posible vivir al margen del discurso mediático? Según Llagostera, se trata de una tarea complicada. “Es casi inevitable ser permeable. A una persona le invade lo que dicta la cultura en un momento concreto. También es verdad que ahora cada vez hay más mensajes que intentan racionalizar ciertos discursos, cosa que también es importante, pero es muy difícil, como decía, no ser permeable. Las cosas te llegan, y a veces de una manera muy inconsciente”.

La velocidad a la que avanza la sociedad se antoja también como un contratiempo a la hora de que uno pueda mantener cierta concepción del término amor sin que ésta se tambalee por momentos. El mundo, asegura Manuel Cruz, “experimenta transformaciones tan aceleradas que es altamente probable que unos individuos que han sido socializados en unos esquemas vean sus expectativas al cabo de muy poco incumplidas porque la sociedad ha corrido demasiado, y ahí surge el conflicto”.

¿Qué entendemos por amor?

Podríamos decir, sin equivocarnos demasiado, que existen tantas definiciones de amor como personas hay en el mundo. Sin embargo, para el profesor de yoga y escritor, Ramiro Calle (autor del libro La ciencia del amor), hay una base que se repite en todas las expresiones del concepto. “El ser humano, en contra de lo que cree, es bastante monocorde, repetitivo. Todos tenemos unos códigos y un sistema emocional bastante parecido. Lo que pasa es que luego, dependiendo del grado de madurez, de autodesarrollo, de autoconocimiento de una persona, habrá quien frivolice más el concepto amor, y habrá quien esté más infinitamente preparado para amar de verdad, para amar no sólo desde el ego sino desde el ser”.

El filósofo Manuel Cruz, a pesar de defender que en cada momento histórico hay una acepción del concepto amor predominante, también apuesta por la existencia de un sustrato amoroso que se repite en las diferentes formas de expresión. “Los dos trazos fundamentales a la hora de dibujar el amor los podemos encontrar en Platón y en Spìnoza. Platón lo planteaba como esa fuerza que nos saca de nosotros mismos y nos proyecta hacia otro. Spinoza complementaba esta idea cuando decía: ‘Somos seres carenciales y buscamos fuera aquello que nos falta’. Tenemos una especie de conciencia ancestral de que algo nos fue arrebatado, de que en un mundo originario éramos seres completos y en algún momento pasamos a ser incompletos. Arrastramos, desde entonces, esa carencia y vamos buscando completar aquello que nos falta”.

Para Cruz, el discurso mediático predominante habla más “de la experiencia amorosa, que de la relación de pareja”. “Ésta última –asegura- está bastante en cuestión en la actualidad desde bastantes puntos de vista”. La sociedad de consumo, según el filósofo, sería la explicación. “En una sociedad en la que a lo que se nos induce constantemente es a sentir necesidades por cosas, por nuevos objetos… el modelo de persona que no necesita nada porque con la mera presencia del ser amado se siente feliz, es un modelo disfuncional”.

El miedo a ser herido podría estar también detrás de esta concepción del amor que se aleja del compromiso. “El amor implica un sentimiento de abertura, de abrirnos hacia la realidad del otro, de compartir… Siempre se dice que el amor rompe las fronteras del ‘yo’. Y claro, ahí hay más riesgo de ser herido”, recuerda la psicóloga Cristina Llagostera. “Toda opción en esta vida, y la del amor más, es un riesgo. Lo que hay que saber es que no hay una relación que siempre sea deleitosa o placentera. En las relaciones muchas veces hay que bregar”, puntualiza Ramiro Calle.

Metamorfosis amorosa

Son muchos los especialistas en la cuestión que han teorizado sobre las distintas fases por las que transcurre el amor en una relación larga de pareja. Después de la pasión inicial, defienden, vendría la seguridad. Una seguridad que, con el tiempo, puede derivar, no siempre, en monotonía y, a la postre, en rotura. Hay quien piensa, sin embargo, que ese patrón descrito no es aplicable de manera generalizada. “Creo que no hay un itinerario fijo, sino que pueden haber experiencias múltiples tanto si hablamos de amor de pareja como si hacemos referencia al fraternal o al de amistad. La cuestión es que cada uno encuentre ese punto de equilibrio entre dar y recibir en el que se sienta satisfecho”, apunta Cristina Llagostera. “También hay relaciones que pueden ser para siempre, no hay que ser negativo”, apostilla Ramiro Calle.

Calle, precisamente, asegura que se puede sentir plenitud tanto en la fase del enamoramiento como en una etapa más avanzada de la relación. “Es otro tipo de plenitud donde la carnalidad ha cedido, pero la emoción, el sentimiento, el cariño, las confidencias y la complicidad han crecido enormemente”.

El filósofo Manuel Cruz parafrasea a Miguel de Unamuno para ejemplificar esta tipología de plenitud más madura: “Cuando era joven y le ponía la mano en la rodilla a mi mujer, me estremecía por completo. Ahora le pongo la mano en la rodilla y no siento nada, pero me dejaría cortar la pierna antes de que se la cortaran a ella”.

Una educación sentimental, básica

En un terreno tan pantanoso como es el del amor, la educación se vislumbra como un elemento casi imprescindible en aras de evitar posibles conflictos futuros (gracias a una mejor aceptación e interpretación de los sentimientos). “De la misma manera que se habla de la inteligencia mental, de la emocional, habría que ir más allá y tener una inteligencia sentimental. Creo que todos tenemos que conocernos mejor, saber más de nuestras emociones, de nuestros sentimientos, mejorar los vínculos afectivos para que sean sanos y no insanos, saber movernos en una relación. Y sobre todo, saber valorar que la pasión no puede durar siempre”, argumenta Ramiro Calle.

“Saber identificar las propias emociones y expresarlas de manera adecuada y asertiva es muy importante”, sentencia Llagostera.

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