Corea del Norte: el incierto futuro de un país hermético

La muerte de Kim Jong Il y la llegada al poder de su hijo Kim Jong Un abre un futuro incierto sobre el desarrollo del país que impone una dictadura comunista

Isidre Ambrós

La muerte de Kim Jong Il y la llegada al poder de su hijo Kim Jong Un abre un futuro incierto sobre el desarrollo del país más hermético del mundo. Nadie espera cambios significativos a corto plazo en el rumbo del régimen de Pyongyang.

Sin embargo, la tutela de China, la política que desarrolle el Gobierno surcoreano que saldrá de las urnas el próximo año y la posición que adopte la cúpula militar norcoreana marcarán el porvenir de Corea del Norte

La realidad, no obstante, es que el destino de Corea del Norte está estrechamente ligado a su futuro nuclear. Hasta el pasado fin de semana había señales positivas de que el régimen estalinista podía regresar a la mesa de negociaciones multilaterales (las dos Coreas, Estados Unidos, Rusia, China y Japón), para abandonar su programa nuclear a cambio de ayuda económica y alimenticia. Ahora todo queda en suspenso.

Parece poco probable que Kim Jong Un, designado ya como el "Gran Sucesor", decida dar un paso atrás en el desarrollo nuclear del país. Se podría interpretar como una muestra de debilidad, tanto a nivel internacional como de cara a su país.

Un gesto, que, sin duda, la poderosa cúpula militar del país, fiel a las directrices de su padre, no parece dispuesta a tolerar.

El temor que suscita la llegada al poder de Kim Jong Un es más bien lo contrario. Existe recelo acerca de que el heredero decida hacer una demostración de fuerza y Corea del Norte lleve a cabo un nuevo ataque contra su vecino de Corea del Sur o realice una nueva prueba nuclear.

Mucho dependerá esta acción no solo de la decisión del "Gran Sucesor", sino de los consejos que reciba de la cúpula militar. En este sentido, podría producirse una división de opiniones en el seno del ejército, entre aquellos que son fieles al ideario de Kim Jong Il y los más jóvenes que apoyarían a Kim Jong Un.

Pero el heredero de la única dinastía comunista del planeta, deberá afrontar, además del futuro nuclear del país –posiblemente la única arma negociadora que tiene Pyongyang con Occidente- una penosa situación socioeconómica que deberá resolver. No es ningún secreto que el país está empobrecido y cuatro de cada diez norcoreanos sufre hambruna. Y el 33 por ciento de los niños menores de cinco años padece desnutrición.

Para paliar esta situación, el nuevo líder de Corea del Norte debería dar señales de cierta apertura, como habrían aconsejado en los últimos tiempos los mandatarios chinos a Kim Jong Il.

El régimen de Pekín es el primer interesado en que Corea del Norte evolucione hacia una mayor apertura. El gigante asiático apuesta por el mantenimiento del estatus quo en la península coreana. Esto es: el mantenimiento del actual régimen en Pyongyang, pero con un mayor grado de apertura económica.

Un equilibrio que daría satisfacción a los dos países. Pyongyang obtendría beneficios económicos y su población más recursos para mejorar su precaria calidad de vida y Pekín evitaría una implosión del régimen estalinista del norte y una posible invasión de refugiados.

Aunque no hay que olvidar, por otra parte, que China encara el próximo año 2012 el relevo de sus líderes.

En octubre del 2012, asumirán el mando en la dirección del Partido Comunista la quinta generación de mandatarios. Los mismos que cogerán las riendas del Gobierno de la segunda potencia mundial en marzo del 2013. Y no se puede descartar que los nuevos responsables tengan sus propias ideas acerca de la cooperación con Pyongyang.

No obstante, el clima de distensión en la península coreana también dependerá en gran medida del resultado de las elecciones legislativas y presidenciales que se celebrarán el próximo año en Corea del Sur. Del veredicto de las urnas y de la política que desarrolle el futuro Ejecutivo hacia su vecino del norte dependerá todo el porvenir de la región.

En cualquiera de los casos, el próximo año 2012 se adivina como una época de cambios que afectarán al nuevo orden mundial. Tiempo al tiempo

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