España no logra racionalizar el tiempo de trabajo

Hay una relación inversa entre la productividad y las horas trabajadas | La presión social para aprovechar al máximo un puente largo puede causar infelicidad

Cristina Sen

Desde siempre, el tiempo ha sido un motivo de conflicto. Se debatía hace quince días en el Congreso Nacional para la Racionalización de los Horarios sobre el tiempo humano y su relación con el tiempo económico, en donde situar el punto para que el tiempo siga siendo oro, para la empresa y para las personas. Un nuevo congreso, y ya van seis, pero el problema de España y sus usos y costumbres laborales sigue ahí, como si el tiempo se hubiese detenido pese a que los expertos insisten en que el equilibrio trabajo-vida personal dinamiza la economía.

Los horarios de oficina en Europa


El superpuente de la semana que viene, con un martes y un jueves festivo, en una coyuntura económica crítica y en vísperas navideñas, concentra los principales elementos a la hora de analizar el binomio trabajo-tiempo en España: la distribución de las vacaciones, los índices de productividad, la calidad y organización de las horas trabajadas, la conciliación y cómo influye el bienestar personal. "En España y en la Europa del sur hay una relación inversa entre la productividad y las horas trabajadas. Este es uno de los países en los que más tiempo se pasa en el trabajo (1.653 horas al año), y en cambio el rendimiento es menor que en Francia (1.561) o Alemania (1.418), con horarios más cortos", señala Carme Poveda, del gabinete del estudios de la Cambra de Comerç.

Los problemas son, señala, la falta de eficiencia, cualificación, innovación, flexibilidad de la jornada y la cultura del presentismo laboral. Existe ya una importante conciencia colectiva sobre la necesidad de cambiar a fondo esta estructura laboral y muchas empresas están en ello, pero el proceso será largo. La productividad, entendida no cómo la explotación pura y dura del trabajador sino como el aprovechamiento del tiempo, es la clave. Por citar algunos datos, la productividad por hora en España se situaría en el 83,3% (en relación a la Europa de los 15), la de Francia sería del 123% y la de Alemania del 104.4%.

Este próximo largo puente o acueducto es un signo más de que en España la productividad no se considera un tema importante, señala Consuelo León, profesora de la Universitat Internacional de Catalunya (UIC). Junto a las Navidades, serán dos semanas del mes de diciembre "desaprovechadas" porque los días festivos intercalados arrastran el ritmo del resto de la semana. La industria y lo que le rodea (transporte, reparto de mercancías...) se resienten especialmente.

La CEOE propuso en octubre que los festivos entre semana se pasen a lunes o viernes para evitar el efecto puente y también porque los estudios indican que estos días son los menos productivos. Se trataría de cambiar los acueductos por puentes más breves sin perder días de fiesta, un debate difícil porque afecta a los sectores que sí se benefician: hoteles, restaurantes, servicios relacionados con el turismo, servicios culturales, ocio, transporte y alimentación. Sea como sea, hay coincidencia mayoritaria entre los expertos que el problema en España no son los días de vacaciones sino la organización del trabajo en general, y de su jornada.

Desde el Observatorio del Consumo de Esade, el profesor Gerard Costa ha realizado un estudio sobre las preferencias de los ciudadanos que muestra una demanda de "puentes cortos". Esto, dice, permite homogeneizar la actividad de toda la familia o de los amigos, lo que es mucho más difícil cuando hay "acueductos". Un claro ejemplo es el caos escolar de los próximos días. También la situación económica influye en esta preferencia, ya que la gente opta por salidas cortas.

Aunque no todo el mundo pensará lo mismo, los largos puentes pueden causar también sentimiento de infelicidad. Es lo que se conoce como el long weekend affective disorder, explica Gerard Costa, que se produce por la presión social de hacer cosas, la presunta obligación de salir de casa. Según un estudio realizado por Esade, el 35% de los españoles cuando se acerca un puente lo que desea es descansar y no tener estrés por hacer cosas urgentes y colas. El 26% quiere salir a comprar en su ciudad aquello que no puede durante los domingos y festivos. Y un 28% entiende que este tiempo extra se ha de aprovechar fuera siempre que el tiempo, el precio de los billetes y la familia lo permitan.

La tendencia natural de las empresas y la demanda social tendría que ir así hacia esta estructura de puentes cortos. En este sentido, las entrevistas también detectan que los trabajadores que tienen fiesta entre semana echan en falta poder hacerla en compañía. El debate es amplio pero estos testimonios conectan de nuevo con el debate sobre el día a día de la organización del trabajo.

La Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios lo ha estudiado largamente y propone con ahínco una planificación del tiempo de trabajo en función del cumplimiento de los objetivos, y no sólo las horas. También se señala como imprescindible la reducción del largo parón del mediodía, uno de los usos más perjudiciales para la conciliación. Consuelo León cree que este tendría que ser de una hora, más homologado con el ritmo europeo –en España se sale de trabajar dos horas más tarde– y propone que los restaurantes y los informativos adelanten su horario.

El reto de la productividad, entendida como la hora de trabajo trabajada, es el hilo conductor al hablar de la distribución de las vacaciones y de los horarios. Porque los expertos sostienen que el desequilibrio entre vida laboral y personal perjudica la economía y un ejemplo de ello es que a mayor flexibilidad, mayor es la tasa de fertilidad en Europa. Las jornadas rígidas y largas también fomentan el absentismo y alientan un improductivo malestar.

Hay empresas que están haciendo el camino pero no sólo hay que mirar hacia sus directivos. Escribía Quim Monzó hace poco en este diario. "Basta girar la cabeza alrededor para ver hasta qué punto son ilógicos los horarios laborales de este Estado, y hasta qué punto sus habitantes manifiestan la firme voluntad de mantenerlos (...). Así tardan más en volver a casa y tienen que aguantar al cónyuge menos rato". Una opinión.

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