Dr. Gonzalo Pin: 'Convertimos a los abuelos en educadores directos de los niños'

El doctor y coautor del libro 'Pediatría con sentido común' aconseja, junto con el Dr. Eduard Estivill, cómo educar a nuestros hijos

Alba Rodríguez

Desde la llegada a casa del bebé hasta la adolescencia, pasando por los hábitos alimentarios y los problemas de salud más frecuentes de este período. “Pediatría con sentido común. Para padres y madres con sentido común” (Plaza Janés) pretende ser un manual de instrucciones para aportar seguridad y tranquilidad a las familias en la educación de sus hijos durante los 18 primeros años de vida.

El Dr. Gonzalo Pin, director de la Universidad Valenciana del Sueño desde 1997 y autor de más de cincuenta artículos relacionados con la pediatría y los trastornos del sueño en niños, nos guía en cada etapa ofreciéndonos consejos y recomendaciones prácticas para una buena educación. Pero nos advierte que lo más importante es disfrutar mientras educamos con cariño a nuestros hijos.

El libro empieza con la tan esperada llegada del bebé a casa. ¿Cuáles son los primeros consejos que dais a los padres primerizos?
El primero: calma, no es tan complicado como parece. El segundo: no soy “superman” ni “superwoman”. El tercero: tomaros vuestro tiempo para actuar y para dedicarlo a vosotros mismo. Y el cuarto: pedir ayuda es bueno… Pero también pedir que no os agobien.

Y, sobre todo, una gran dosis de sentido común.
Sí, por supuesto. El diccionario de la lengua define al sentido común “conforme al buen juicio natural de las personas” y creo que debe interpretarse de esa manera, el desarrollo del niño es algo “natural” y armónico en la mayoría de las situaciones de manera que natural y armónico debe ser el enfoque que padres y abuelos deberían dar a su relación con los niños.

En la primera parte del libro se plantean muchísimos interrogantes: “¿por qué llora el niño?, ¿por qué se despierta repentinamente mientras duerme?”... ¿Hasta qué punto es importante conocer los motivos y entender el comportamiento del niño?
Lo realmente importante es que dediquemos un tiempo a conocer cómo es nuestro hijo. Si es un niño que prefiere la compañía o, al contrario, que lo dejen tranquilo, si duerme mucho o poco… Conocer sus características y su temperamento, cómo responde a nuestros intentos de ayuda facilitará nuestra relación con él/ella toda la vida.

¿Cómo podemos ayudar al niño para que desarrolle sus sentidos cómodamente en sus primeros meses y años de vida?
El mejor estímulo para ello es el contacto tranquilo, rutinario y afectuoso con la gente que le rodea. Hablándole, manteniendo contacto físico pausado, posibilitándole que reconozca nuevos olores, sonidos, tonos de luz mediante paseos a diferentes lugares. No se trata de “atosigar” el objetivo es estimular contacto mediante todos los sentidos (oído, ojos, tacto…).

El libro se detiene ampliamente en el campo de la alimentación explicando qué se puede comer en cada período, qué cantidades y cómo cocinar determinados alimentos. Pero… y si el niño no quiere comer, ¿qué hay que hacer?
Illinworg, que es uno de esos pediatras clásicos en los que todos los que nos dedicamos a los niños “hemos bebido” en su clásico libro “El niño normal”, afirma que no le ha pasada nada a un niño NORMAL (no enfermo) porque no le obliguen a comer. Al contrario a corto y medio plazo aprenderá mejor las excelencias de la comida si le permitimos a él/ella descubrirlas por si mismo. ¿Qué hay que hacer? Darle la oportunidad de comer lo que hay en la mesa, si no lo desea no pasa nada. Dentro de unas horas tendrás otra oportunidad de ser libre y decidir si quieres comer y de paso aprenderá algo nuevo: todas sus acciones tienen sus consecuencias, en este caso la consecuencia es pasar hambre unas horas.

“No convirtamos la comida en un castigo”, se afirma en el libro. ¿A qué se refiere?
Los niños sanos generalmente autoregulan sus necesidades de alimentación. En muchas ocasiones es más importante conseguir una buena variedad en la alimentación que insistir en que los niños coman cantidades enormes de comida. El niño debe disfrutar de la comida con sus cinco sentidos (tacto, olor, vista, gusto e incluso sonido) y no porque los adultos hagamos “el payaso” para que coma. Ya tendremos tiempo para introducir “las buenas maneras”.

¿Debemos “ocupar” el tiempo libre de los niños o dejar que disfruten de su tiempo?
Los niños son niños y deben tener tiempo para jugar, desarrollar su imaginación o simplemente dejarlo pasar. No obstante, aprovechar algunas de las oportunidades que nos ofrece la sociedad actual no es mala idea… Pero como decíamos en el caso de los abuelos sin “agobiar” ni olvidar que son niños.

Hablando del papel de los abuelos… ¿hasta qué punto podemos “abusar” de ellos?
Cierto, su papel permisivo, trasmisor de experiencias y vivencias es muy enriquecedor para los niños. El problema es que actualmente les hacemos convertir en los educadores directos de los niños con lo cual les provocamos responsabilidades extras y contradicciones entre su instinto permisivo y su nuevo papel más restrictivo. Lo ideal, que desempeñen su papel tradicional; lo posible, “abusar” lo menos que podamos.

Muchos de los consejos que los pediatras daban a nuestros padres ya no son vigentes en la actualidad. ¿A qué se deben estas modas pasajeras y cómo sabemos qué es lo mejor para nuestros hijos?
En realidad no son modas pasajeras; estamos criando a niños en situaciones diferentes. La sociedad actual poco tiene que ver con la de hace 25-30 años. Un ejemplo: las nuevas tecnologías. No son buenas ni malas en sí pero debemos inculcar la necesidad de su uso racional con unos límites claros y concisos. Afortunadamente, la pediatría sabe adaptarse a la sociedad y de esa manera contribuye a la crianza de niños sanos inmersos en su sociedad

Al final de cada capítulo dedicáis un pequeño apartado a las “señales de alarma”. ¿Es normal preocuparse en exceso de nuestros hijos, sobre todo, al principio?
Generalmente los padres se sienten inseguros, nadie les ha explicado nada. Cuando se compran una lavadora, un coche o un ordenador siempre les dan un libro de instrucciones que empieza diciendo “Lea atentamente…” cuando salen de la maternidad no le dan libro de instrucciones y eso genera inseguridades que terminan en preocupaciones muchas veces sin motivo. Este libro pretende ser ese manual de instrucciones que les aporte seguridad, tranquilidad y herramientas para tomar las decisiones correctas en el momento oportuno.

En el caso que llegue el divorcio, ¿cómo podemos ayudar al niño para que no sufra más de lo esperado?
Fundamentalmente de dos maneras: no mintiéndoles y no usándolos como moneda de cambio en la negociación ni implicándoles en nuestras discusiones o problemas. Los adultos deben resolver sus problemas entre ellos.

La tercera parte del libro se centra en hacer un repaso exhaustivo a los problemas de salud más frecuentes: desde el acné o los piojos hasta el síndrome de muerte súbita infantil o las tiroides. Y exponéis toda la información mediante novedosas fichas prácticas. ¿Cómo debe ser consultada esta información?
Hemos intentado presentarla de la manera más sencilla posible y, al mismo tiempo, lo más práctica y útil que hemos podido. Creo que es bueno utilizarla como un diccionario que nos orienta en qué medidas debemos tomar en el hogar o cuando debemos acudir al profesional.

¿A quién le puede interesar el libro y cuál es la mejor manera de leerlo para aprovechar al máximo sus consejos?
Pensamos que tanto a familiar primerizas con niños recién nacidos como a familias con adolescentes o en situaciones complicadas. Es un poco volver al concepto “enciclopédico” de la ilustración, al tipo de enseñanzas que hacían los maestros clásicos de la pediatría (no estoy intentando ni mucho menos ponernos a su nivel) como el Dr. Marañón que aportaban una visión global y humanitaria de las situaciones médicas.

Finalmente, ¿qué consejo crees que podría ser el más valioso para la buena educación de un hijo?
Educar es una tarea apasionante, mi consejo es intentar disfrutar de ella acometiéndola con cariño pero al mismo tiempo con la seguridad de que estamos favoreciendo a nuestros hijos. A veces es bueno recordar el refrán que dice “quien bien te quiere te hará llorar”.

Leer más noticias en LaVanguardia.com

Más sobre: