Barcelona ocupa el puesto 25 en el ranking de las ciudades más caras del mundo

La cesta de la compra se encarece y el poder adquisitivo sigue una tendencia a la baja

Por Óscar Muñoz

Barcelona es cara. En cuestión de un año, los barceloneses han visto como la cesta de la compra subía, mientras los sueldos se mantenían estables y con una tendencia preocupante a perder poder adquisitivo. La capital catalana está en la franja alta de las principales ciudades del mundo en cuanto a precios. A medida que la crisis económica ha ido arreciando, había perdido posiciones. Pero ha vuelto a remontar. Ahora ocupa el lugar 25, según el informe Prices and Earnings, elaborado por la unión de bancos suizos (UBS), uno de los índices de referencia a escala internacional y que incluye 73 grandes urbes de los cinco continentes y cuya última actualización acaba de publicarse. En el 2008, cuando la recesión empezaba a asomar, todavía era la 20.ª ciudad más cara. Un año después, había descendido a la 22.ª. Y tras caer el 2010 a la 30.ª ahora, se invierte la tendencia y escala cinco peldaños.

La capital catalana se sitúa, en cuanto a su nivel general de precios, por encima de Madrid, Los Ángeles, Chicago, Hong Kong y Miami, entre otras ciudades (véase lista). Son, en cambio, más caras que Barcelona: París, Londres, Roma, Tokio, Nueva York, Viena, São Paulo u Oslo. Esta última es la que ocupa la primera posición. La clasificación se elabora tomando como índice de referencia el de Nueva York, que tiene el valor 100. El estudio considera 122 bienes y servicios habituales en la cesta de una familia occidental tipo, entre las que está la alimentación, ropa, transporte, restaurantes, hoteles, electrodomésticos, alquileres de vivienda...

El informe Prices and Earnings incorpora la inflación y las fluctuaciones de los cambios de divisas para ajustar la clasificación de ciudades el máximo a la realidad. Por ello, destaca, las ciudades estadounidenses han perdido posiciones desde el 2009 ya que el dólar norteamericano se ha depreciado respecto al resto de grandes monedas. Sirve como ejemplo Nueva York, que ha dejado de estar en el top ten. El 2009 y el 2010 estaba en el 6 y este año en el 14. En cambio, Sydney da un salto de gigante. Del lugar 38 que ocupaba el 2009 pasó al 12 el 2010 y al 7 el 2011, en gran medida gracias a la revalorización del dólar australiano. Los países emergentes también lo son en esta lista. Hay dos metrópolis destacadas, las dos brasileñas, que se han colocado junto a las grandes urbes de los países ricos. Una, la antes citada Río de Janeiro, que ahora está justo detrás de Barcelona (26) cuando en el 2009 estaba en el 48. Y la otra, todavía más sobresaliente, São Paulo, que del 42 ha pasado al 19.

Una cosa son los precios y otra, a veces muy distinta, los salarios. El informe de UBS también los radiografía para lo que ha tenido en cuenta los ingresos de 14 profesiones descontando impuestos y cotizaciones sociales. Barcelona se mantiene en la misma franja media-alta, pero ligeramente por debajo de su nivel de precios y la tendencia que se está imponiendo no es muy halagüeña. Ahora ocupa el lugar número 30, el mismo que hace un año, pero uno por detrás del 2009 y tres en relación al 2006, cuando la capital catalana era la 27.ª con sueldos más elevados del ranking mundial. Actualmente, el nivel medio de ingresos es el 58,1% de los que tiene un ciudadano de Nueva York. Un poco más de la mitad.

En esta clasificación, Madrid está más arriba que Barcelona. Los habitantes de la capital española, con precios ligeramente más bajos tienen un nivel medio de ingresos algo superior. En consecuencia, el poder adquisitivo de Madrid es un poco más elevado o, dicho de otra manera, en esta última ciudad hay que trabajar menos horas para pagar los bienes y servicios incluidos en el estudio que en la capital catalana. Pero las diferencias son mínimas. En este tercer ranking, el de la capacidad de compra, Barcelona está en la posición 29, la misma que en el 2010 y el 2009, aunque en el 2006, se situó en la 25. Lo que demuestra que los barceloneses han ido perdiendo poder adquisitivo con el paso de los años. La ciudad más poderosa es Zurich, con un valor 110,5. En este apartado, las urbes de las regiones emergentes, como São Paulo, con precios muy altos y salarios en una zona todavía media-baja no logra destacar en el ranking de poder adquisitivo. El de los barceloneses es el 71,6% de los neoyorquinos.

La Vanguardia ha visitado mercados municipales, panaderías, bares y restaurantes de los principales ejes comerciales de la ciudad para conocer de primera mano cómo están los precios de algunos productos básicos o de consumo habitual. La radiografía de los distintos distritos (véanse gráficos de esta página) muestran a simple vista unas diferencias que están relacionadas sobre todo con el poder adquisitivo de los vecinos que habitan en la zona. También encarece el artículo, dependiendo si se consume o adquiere en una zona turística de la ciudad o no. Así, por ejemplo, beber una caña de cerveza se encarece en los bares de Ciutat Vella, Gràcia o Sants-Montjuïc, mientras que resulta más económica en Sant Andreu, Nou Barris y Horta-Guinardó.

El precio de una barra de pan puede variar, según el distrito en el que se compre. La variación puede llegar a ser de 0,25 céntimos entre la zona más cara y económica de Barcelona. En cuanto a los precios de productos alimentarios que el barcelonés de a pie compra en un mercado municipal también presenta diferencias, aunque estas son menores.

Las diferencias de precio son más que obvias en cuestión de viviendas y rentas de alquiler. La ubicación en determinados distritos puede encarecer el producto hasta un 45%. Esta es la diferencia de coste de un piso de segunda mano, según el precio del metro cuadrado que ofrece Idealista, entre la zona más cara de la ciudad, Sarrià-Sant Gervasi, y el lugar más económico para comprarse una residencia, Nou Barris. En este último punto de la ciudad, el precio por metro cuadrado no supera los 3.000 euros, mientras que Sarrià-Sant Gervasi, Les Corts y Eixample lo superan de largo. Algo similar ocurre con las rentas de alquiler, donde como no podía ser de otra manera Sarrià-Sant Gervasi sigue a la cabeza de los barrios más caros de la ciudad. Por contra, el alquiler de una plaza de aparcamiento resulta bastante homogéneo y sólo despunta Gràcia, debido sobre todo, a la escasa oferta de parkings en la zona, y los problemas para aparcar en determinadas áreas del distrito.

São Paolo: Vértigo por un despegue vertiginoso

Los habitantes de São Paulo no tienen miedo físico a las alturas: están acostumbrados a los rascacielos. Ahora afrontan otra clase de vértigo. En sólo dos años, la megalópolis brasileña ha escalado veintitrés posiciones en el ranking de las ciudades más caras del mundo que publica UBS: del puesto 42 ha pasado al 19. El gigante latinoamericano se ha colado así en el grupo de cabeza de la famosa lista, hasta ahora exclusivo de los países más desarrollados.

Por mucho que los salarios se hayan incrementado y las políticas sociales hayan reducido la pobreza en Brasil, el ascenso por la cuesta de los precios se hace duro para la mayoría de paulistanos. Según el informe Prices and Earnings, su poder adquisitivo apenas ha crecido en estos dos años, al pasar del puesto 45 al 44.

La sobrevaluación del real brasileño agudiza la carestía –que no el sufrimiento– para los visitantes y residentes extranjeros. Hace dos meses, la consultora de recursos humanos estadounidense Mercer publicó otro estudio según el cual São Paulo es ya la décima metrópolis más cara del planeta para expatriados, por delante de Copenhague o Nueva York y por detrás de Tokio o Ginebra. En esta clasificación, la ciudad brasileña ha subido once escalones en tan sólo un año.

Es el precio del triunfo; del crecimiento de la demanda con explosión del crédito; de una de las mayores concentraciones de inversores y especuladores por kilómetro cuadrado... A lo que se añade una fiscalidad que grava los productos importados hasta niveles grotescos. Un televisor cuesta entre un 50% y un 100% más que en Barcelona. Y una botella de vino de España que sale de un puerto español a tres euros puede acabar marcada a 18 en cualquier supermercado paulista.

El fenómeno da idea de lo que está sucediendo en la potencia emergente; de los cambios en el orden económico mundial; del poderío de un monstruo urbano donde decenas o cientos de multimillonarios vuelan en helicóptero hasta para ir de compras mientras siete millones de automóviles colapsan el tráfico y 13.000 sin techo se mueven lo justo para ahorrar energías. Claro que son los del coche los que, con dos o tres tarjetas de pago por barba, han disparado el consumo y alimentado la inflación.

La altura alcanzada y el riesgo de caída provocan los primeros mareos entre ciudadanos y autoridades. La desaceleración ya palpable, conveniente en parte pero tan difícil de controlar, hace que muchos se pregunten si el éxito de su rico y gran país es un globo que se deshincha o una burbuja a punto de estallar. Depende del propio Brasil, pero también del resto del mundo. Torres más altas se están estremeciendo. Hay vértigo en São Paulo. / Fernando García

Copenhague: Impuestos y salarios que pesan

A nadie que haya visitado Copenhague le habrá pasado desapercibido el hecho de que esta es una ciudad muy cara. No en vano, ocupa la cuarta posición en el ranking de urbes más costosas del mundo, al encontrarse sólo por detrás de Oslo, Zurich y Ginebra. En la capital danesa, resulta especialmente gravoso ir a un restaurante, así como casi todas las actividades relacionadas con el ocio, tales como el cine, el teatro o salir de copas por la noche. En el supermercado, las bebidas alcohólicas y muchos alimentos también son significativamente más caros que en otras latitudes, a lo que se añaden los precios prohibitivos de los coches o la gasolina, sobre los que pesa una tasa ecológica especial.

Todo esto se debe al elevado nivel de impuestos por el que se rige el estado del bienestar danés y que hace que el 34% de la recaudación total proceda del IVA, que suele alcanzar el 25%, y otros tipos de impuestos aplicados sobre los bienes y los servicios. Cabe apreciar, no obstante, que en el caso concreto de los restaurantes, los elevados precios se deben también a los sueldos relativamente altos que suelen recibir los trabajadores, incluso los poco cualificados, en Dinamarca.

El elevado coste de la vida hace que, a pesar de ser la tercera ciudad con los mejores sueldos del mundo, Copenhague pierda posiciones en el ranking que mide el poder de adquisición de los ciudadanos, en el que queda relegada a decimoséptima posición. La capital danesa, de hecho, también ha perdido terreno en el ámbito de los salarios. De ser la primera capital del mundo con los sueldos más altos ha pasado a ser tercera en los últimos dos años. Con Zurich y Ginebra a la cabeza, Suiza ha tomado la delantera gracias a los buenos resultados registrados por su Producto Interior Bruto, mientras que en Dinamarca el crecimiento del PIB desde 2009 ha sido más bien escaso.

Según los expertos, una de las razones por las que muchos trabajadores extranjeros deciden marcharse de Dinamarca está precisamente en el coste de la vida y el elevado nivel de impuestos. Las autoridades ven con preocupación esta tendencia, dada la necesidad que tiene este pequeño país de captar mano de obra extranjera ante el paulatino envejecimiento de la población. Este problema constituye un verdadero desafío para las economías escandinavas, que no están dispuestas a recortar su generoso estado del bienestar.

Por último, es evidente que el elevado coste de la vida tiene un impacto negativo en el turismo. Es por esto por lo que las instituciones se esfuerzan por atraer a grupos con un alto nivel adquisitivo a través de la promoción de actividades refinadas, tales como la gastronomía, el diseño o la cultura. / Gloria Moreno

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